Maduro y su clan no solo gobernaban, sino que jugaban a ser vaqueros en plena base militar
El 3 de enero de 2026, mientras comandos estadounidenses capturaban a Nicolás Maduro y Cilia Flores en Fuerte Tiuna, la pareja presidencial no solo dormía en ese enclave estratégico, sino que junto a ellos estaban caballos de raza cuarto de milla entrenados para competencias de coleo y arreo de ganado.
¿Por qué convertir un cuartel fundamental en línea de defensa en un circo vaquero?
Desde hace al menos dos años, el cuartel —la base central del ejército venezolano— aloja una arena para practicar team penning, un deporte importado desde Estados Unidos y reservado para familiares y aliados cercanos de la casta chavista, incluyendo campeones vinculados directamente a Cilia Flores.
Mientras la crisis económica y social se profundiza, una elite alineada con Maduro se dedica a ostentar lujos y distracciones en instalaciones militares. Esta nueva «clase empresarial» protegida tras uniformes exhibe contradicciones evidentes: portavoces del discurso antiimperialista que al mismo tiempo adoptan prácticas y símbolos norteamericanos, en una burbuja irresponsable lejos de las prioridades reales del país.
Consecuencias ocultas: ¿qué revela esta revelación para Venezuela?
- Fuerte Tiuna pierde su rol de fortaleza militar para defender la soberanía y se convierte en espacio de ocio para una casta política blindada tras discursos vacíos.
- Las prioridades del régimen quedan al descubierto: mientras el país enfrenta hambre y violencia, la elite juega a recrear un oeste americano dentro de un cuartel.
- Este escenario evidencia una desconexión total con la realidad y un uso indebido de recursos militares y públicos.
¿Qué sigue después de la operación estadounidense?
La captura de Maduro abrió fisuras al interior del régimen. El desgaste de la casta y sus prácticas anacrónicas podría acelerar la reconfiguración del poder en Venezuela, o, en el peor de los casos, desencadenar una mayor militarización para proteger estos privilegios.
Lo cierto es que la defensa de Venezuela no puede pasar por juegos y espectáculos vacíos a costa del país. Esto no es un detalle menor, sino una muestra clara de los errores estructurales que evitan cualquier cambio real.