Román Maniglia concentra poder en finanzas públicas justo cuando Venezuela enfrenta su mayor crisis
Román Maniglia, actual presidente del Banco de Venezuela, acaba de asumir el cargo de jefe del Seniat, la principal fuente de ingresos fiscales del país. Esto no es un detalle menor: une dos cargos estratégicos en un momento crítico para las arcas públicas.
¿Por qué importa?
El Seniat debe aumentar la recaudación en plena crisis económica y tras los graves daños causados por los recientes terremotos en Vargas. La demanda fiscal crece, pero la economía sigue estancada. El reto es mayúsculo y Maniglia, con un perfil tecnocrático y formación en finanzas y blockchain, es la carta del régimen para enfrentar esta tormenta.
De la banca pública al control de la recaudación
Maniglia no es un funcionario común. Preside el Banco de Venezuela, que controla más del 50% del mercado financiero. Fue viceministro entre 2020 y 2025 y tiene experiencia en economía digital. Además, participó en la reestructuración de la Superintendencia de Criptoactivos tras un escándalo de fraude que salpicó a figuras del chavismo como Tareck El Aissami.
Llama la atención que mantiene ambos cargos, un signo claro de concentración del poder financiero público en pocas manos y un viraje hacia tecnócratas alejados de la ortodoxia chavista clásica, aunque fieles al régimen.
Un hombre de redes familiares en la élite chavista
Hijo de exministros y actual alcaldesa de Caracas, Maniglia pertenece a la generación que combina educación en el exterior con vínculos profundos dentro de la cúpula del poder. Su perfil técnico y contactos empresariales marcan una evolución dentro de la gestión oficial, basada en alianzas pragmáticas para mantener el control.
Lo que viene
Con Maniglia al frente del Seniat, el gobierno busca exprimir la capacidad tributaria sin margen para errores. El acoso fiscal a empresas y ciudadanos podría intensificarse para compensar la falta de ingresos petroleros. La línea de mando ahora depende menos de figuras tradicionales y más de operadores especializados. Este cambio predice mayor presión sobre la precaria economía real y desafíos para quienes viven del sector privado.