EEUU debe cambiar ya su estrategia fallida en Venezuela tras terremotos
La crisis venezolana suma un nuevo capítulo tras el doble terremoto del 24 de junio
El daño provocado supera cualquier cálculo previo. Pero lo más grave es que el régimen de Nicolás Maduro está demostrado su total incapacidad para gestionar la emergencia. Estados Unidos no puede seguir con la misma estrategia ni con un liderazgo que hasta ahora ha permitido perpetuar esta tragedia.
¿Por qué esta crisis revela un fracaso histórico?
Georg Eickhoff, historiador y exdirector de la Fundación Konrad Adenauer en Venezuela, confirma lo que pocos quieren admitir: el «remanente chavista» logró mantener un sistema colapsado, provocando la huida masiva de millones de venezolanos. Pero ahora, tras los sismos de magnitudes 7.2 y 7.5, queda claro que ni siquiera el apoyo externo ha ayudado a contener el desastre ni a controlar la destrucción.
El terremoto dejó en evidencia la imposibilidad del actual régimen para resolver un problema que trasciende a Venezuela y compromete la estabilidad del hemisferio americano. Sectores geopolíticos como China, Rusia e Irán observaron con interés cómo Venezuela se transformaba en un problema regional.
Estados Unidos: ¿replantear o perder el control?
El análisis de Eickhoff advierte que Estados Unidos debe «replantear su plan» y buscar la instalación inmediata de un gobierno legítimo y fuerte. La estrategia actual no sólo está fallando, sino que pone en riesgo la seguridad e instituciones no solo de Venezuela sino de todo el continente. El doble terremoto es la última alerta que confirma que seguir sosteniendo este esquema es insostenible.
Donald Trump: ni empatía, ni estrategia clara
Solo horas después del sismo, Trump minimizó el desastre y calificó a Venezuela como un «país feliz» donde «la gente baila en las calles». Este mensaje no solo desconecta de la realidad, sino que refleja una conducción sin empatía, que prioriza intereses petroleros sobre soluciones reales.
Eickhoff advierte que aunque las debilidades personales de Trump son evidentes, no determinarán el rumbo de Washington respecto a Venezuela. El presidente busca evitar nuevos fracasos internacionales y, por eso, el tema venezolano tendrá que ajustarse a sus intereses estratégicos. Actualmente, la administración no ve a la dirigencia oficialista bajo Delcy Rodríguez como interlocutora válida.
Oposición en movimiento, control en juego
Mientras tanto, la líder opositora María Corina Machado intentó regresar al país para ofrecer apoyo tras la tragedia, pero fue bloqueada por el régimen y cuestionada dentro del propio aparato estadounidense. Mientras algunos sectores consideran su intento como «oportunismo político», la realidad es que su capital político es el más sólido en décadas y representa una alternativa clave para la reconstrucción.
El apoyo estadounidense para su retorno dependerá finalmente del balance de intereses políticos, pero Machado tiene la fuerza necesaria para asumir el liderazgo en el cambio, aunque eso implique enfrentar la inestabilidad que representa Trump como aliado.
El escenario legal y político se desgasta
Ya han pasado seis meses desde la captura militar de Nicolás Maduro y su esposa en enero, y el interinato constitucional de 180 días para convocar elecciones terminó sin resultados. Eickhoff subraya que la real crisis es el colapso institucional: la Constitución, las leyes y las elecciones han sido ignoradas sistemáticamente por un régimen pragmático que ni siquiera intenta legitimar su gobernabilidad.
La reconstrucción política y económica exige desmontar completamente este sistema roto. Mantener la agenda actual garantiza más desastre y un círculo vicioso sin fin.
¿Qué viene ahora?
- Una revisión urgente por parte de Washington sobre su estrategia de control y reconstrucción.
- Un fortalecimiento de liderazgos opositores con respaldo internacional, más allá de proclamas simbólicas.
- Imposibilidad de seguir apoyando a un régimen incapaz y que ignora la emergencia inmediata.
- Un nuevo capítulo de presión para restaurar el orden institucional y detener la agonía que afecta a millones.
Este no es un problema solo venezolano. Es una amenaza regional que exige soluciones reales y rápidas. ¿Está Estados Unidos preparado para enfrentar esta verdad sin dogmas ni prejuicios?