Venezuela tras el terremoto: EE.UU. respalda narcotiranía, no democracia
Dos terremotos y una mentira: la falsa estabilidad en Venezuela
El 24 de junio de 2026 sacudió Venezuela un doble terremoto devastador (7,2 y 7,5 Mw). Miles murieron, más de 50.000 desaparecieron, pero la respuesta del Estado fue insuficiente, tardía e incapaz.
Era la prueba de fuego para la estrategia estadounidense: mantener la «estabilidad» a cualquier costo, sin promover una verdadera transición democrática.
La jugada silenciosa de Washington
Solo seis meses antes, en la operación que removió a Nicolás Maduro y Cilia Flores, EE.UU. aseguró que los mismos actores culpables de la destrucción de Venezuela serían sus garantes de recuperación. Delcy Rodríguez, nunca electa, fue puesta al mando rendida al plan estadounidense.
Las elecciones presidenciales de 2024 quedaron anuladas y Edmundo González Urrutia desplazado. Se instauró un régimen híbrido: sanciones levantadas pero sin mejoras reales para la población. La inflación devoró salarios, la productividad sigue en ruinas, y la asistencia social sigue atada a estructuras del PSUV.
El poder no cambió, solo cambió la sentencia
- No se liberaron presos políticos ni se cerraron centros de tortura: simplemente los trasladaron.
- Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López continúan en el poder, aún con recompensas millonarias de EE. UU. para su captura.
- Delcy Rodríguez proyecta consolidarse como presidenta electa, respaldada por Washington.
- Los apagones persisten, al igual que el control absoluto sobre medios y fuerzas de seguridad.
Diego Arria lo deja claro: Estados Unidos respalda una narcotiranía
Arria, exfuncionario y diplomático, desmonta el relato oficial: lo que EE.UU. llama estabilidad es la permanencia del mismo régimen violador de la democracia. La indiferencia ante el desastre natural exhibe la pobreza institucional y la falta de voluntad real para cambiar.
“La narcotiranía no fue reemplazada sino respaldada por Washington”, advierte.
¿Qué implican estos hechos para Venezuela?
El apoyo de EE. UU. a Delcy Rodríguez fortalece a los involucrados en corrupción, narcotráfico y represión. La promesa de transición democrática se diluye mientras la vieja guardia sigue en las sombras.
Los venezolanos enfrentan una realidad peor: la crisis humanitaria y la inseguridad no ceden; la destrucción institucional y productiva se profundizan; y la esperanza de libertad se retrasa indefinidamente.
¿Qué queda por hacer?
- Imponer sanciones nacionales e internacionales contra responsables de la tragedia estructural y la represión.
- No permitir que los mismos que destruyeron el país lideren su reconstrucción.
- Exigir a EE.UU. que asuma responsabilidad real: liberar presos políticos y garantizar libertades fundamentales.
- Apoyar a actores opositores reales, como María Corina Machado, mientras Washington mantiene una postura cómoda y peligrosa.
La “estabilidad” que festeja la agenda política estadounidense es fachada. La narcotiranía se perpetúa con un régimen paralizado pero apoyado desde Washington. La pregunta es clara: ¿seguiremos aceptando que la potencia más grande del mundo respalde a quienes arruinaron a Venezuela?