Venezuela Tras el Terremoto: La Política que Nadie Quiere Ver
Un desastre natural con consecuencias políticas
El terremoto del 24 de junio de 2026 dejó más que daños físicos: reveló una falla profunda en la gestión del Estado venezolano. No se trata solo de un fenómeno natural imparable, sino de un desgaste político y estructural que está destruyendo al país.
¿Por qué esto cambia todo?
El fracaso no es solo de la naturaleza. Durante décadas, el régimen omitió las políticas necesarias para prevenir desastres. La planificación urbana, la reducción de riesgos y la respuesta inmediata estuvieron ausentes o fueron negligentes.
En lugar de asumir responsabilidades, la cúpula que controla el poder intentó imponer un discurso oficial que niega retrasos y negligencias. Delcy Rodríguez y sus aliados insisten en que no hay fallas ni exclusión de ayuda, pero la evidencia de incompetencia y corrupción es irrefutable.
Dos caras de Venezuela en crisis
- La solidaridad masiva de los ciudadanos comunes que se organizaron para ayudar a las víctimas.
- El uso político y personalista del desastre por parte de sectores del régimen que buscan sacar provecho del sufrimiento colectivo.
Y, sin embargo, se exige silencio. Que no se ‘politice’ una tragedia que en realidad expone la ineptitud y corrupción del modelo que hunde a Venezuela.
La usurpación del poder y la ilegalidad prolongada
El contexto empeora: a 180 días de una encargaduría ilegítima, la Asamblea Nacional, bajo control oficialista, ignora el mandato constitucional para convocar elecciones. Las instituciones están paradas, y con ellas, la posibilidad de un gobierno legítimo.
Las autoridades ahora basan su permanencia en la excusa de la tragedia, buscando convertir un desastre natural en un arma política para prolongar su dominio, conocido como «Plan Zapatero», con miras a mantener el poder hasta 2030.
¿Qué puede venir después?
Si se consuma esta segunda usurpación, la crisis política se profundizará y abrirá la puerta a escenarios impredecibles, impulsados por sectores que no ven otra salida que poner fin a la ilegitimidad con otros mecanismos.
La única solución viable y coherente es cumplir estrictamente con la Constitución: declarar la falta absoluta del Presidente y convocar elecciones libres, tal como exigen los artículos 233 y 234.
La doble tragedia que enfrenta Venezuela
El país no solo arrancó herido por la naturaleza, sino por un régimen que destruyó economía, instituciones y tejido social. La atención a las víctimas y la reconstrucción institucional deben ir acompañadas del retorno al orden legal y democrático.
Es hora de exigir un gobierno legítimo, capaz de restaurar la independencia de las instituciones y encabezar la recuperación económica y social que Venezuela necesita con urgencia.