El terremoto en Caracas: lo que no te cuentan sobre la tragedia y los discapacitados olvidados
Terremoto en Caracas: vidrios rotos y gritos sin respuesta real
El pasado 24 de junio, un doble terremoto de magnitud 7,2 y 7,5 sacudió Venezuela. Caracas, epicentro de la crisis, vio caer cinco edificios, sufrir daños masivos y escuchar miles de gritos desesperados. Más de 2.900 muertos y 16.590 heridos es el saldo oficial, pero lo que no te dicen es que entre las víctimas invisibles están las personas con discapacidades, sin protocolos ni apoyo adecuado.
Un relato que revela las grietas del Estado
Álvaro, Abdiel y Alejandra, los protagonistas ciegos de esta historia, pudieron sacar un recurso clave: el conocimiento detallado de sus casas para moverse en la emergencia. Pero no hubo ninguna política pública que los preparara o asistiera efectivamente en medio del caos.
Mientras el gobierno gestionaba balances, ellos escuchaban vidrios rompiéndose, paredes cayendo y suplicios que no se detuvieron con el fin del temblor. La alerta en celulares no fue suficiente para que estuvieran preparados. Abdiel incluso tuvo que buscar a su hermano con autismo a tientas. Alejandra escuchó a sus familiares pedir auxilio sin más ayuda que la espera de que la tierra dejara de moverse.
¿Qué muestra esta tragedia sobre el país real?
Mientras la narrativa oficial omite el detalle, aquí está la verdad: no hay un plan formal para proteger a los más vulnerables. La seguridad ciudadana sigue siendo una promesa vacía, y las instituciones no logran garantizar asistencia o protocolos especializados a quienes necesitan cuidados adicionales.
Este episodio no es aislado. Es un síntoma del abandono que convierte la crisis natural en una crisis humana mucho más grave.
Lo que viene: ¿seguiremos invisibilizando a los vulnerables?
La tierra seguirá temblando, y la fragilidad institucional seguirá dejando más víctimas a la intemperie. Este terremoto debería ser una llamada de atención urgente para implementar políticas claras de prevención y protección para todos, sin excepciones.
Si no se actúa, las próximas tragedias no solo serán por la fuerza de la naturaleza, sino también por la indiferencia y falta de previsión de quienes deberían proteger al ciudadano común.