Venezuela destruye su futuro: tragedia revela fallas graves en el Estado
La tragedia venezolana no es solo un desastre natural.
Es la consecuencia directa de un Estado que ignoró sus responsabilidades clave durante años.
Edmundo González Urrutia ha sido claro: la devastación que hoy golpea a Venezuela no es accidental.
La pérdida masiva y el sufrimiento de miles de familias son el resultado de una gestión pública que priorizó agendas políticas por encima de la infraestructura, la prevención y los servicios de emergencia.
Este no es un momento para discursos generales de condolencia. Es un llamado urgente a la realidad: el Estado falló, y estas consecuencias han dejado marcas profundas en toda la nación.
Lo que ha ocurrido cambia por completo el escenario nacional.
- Revela la fragilidad institucional que condiciona la seguridad y la vida cotidiana.
- Desnuda la falta de preparación frente a desastres previsibles.
- Pone sobre la mesa la urgente necesidad de justicia y rendición de cuentas.
¿Y ahora qué?
Venezuela no puede permitirse más distracciones. Urge transformar este dolor en un punto de inflexión para reconstruir el país desde la base: respetando la legalidad, garantizando libertades fundamentales y concentrándose en fortalecer sus instituciones.
La solidaridad de los ciudadanos y el apoyo internacional son pasos necesarios, pero insuficientes mientras no haya un cambio real en el manejo del Estado.
¿Cuántas tragedias más deberán ocurrir para que los sectores políticos dejen de mirar para otro lado?