Jorge Chacón desafió el arte oficial y reinventó el paisaje venezolano
¿El fin del paisaje? Jorge Chacón dijo no.
En los años 60 y 70, cuando los sectores culturales venezolanos volcaron recursos y apoyo a modas como el arte conceptual y el performance, la pintura paisajista parecía condenada al olvido. Pero Jorge Chacón, desde la trinchera de la expresión fauvista, rompió con esa tendencia dominante y le dio nueva vida al género.
Un outsider con impacto decisivo
Nacido en Táchira en 1933 y con apenas formación formal, Chacón absorbió influencias sin dejarse atrapar por la corriente oficial. Su método directo con el color —sin bocetos previos y sin mezclas en la paleta— es una respuesta clara a la homogeneización que venían imponiendo ciertos grupos ideológicos en las artes visuales.
Su obra, densa, vigorosa y luminosa, exploró la luz como materia y no como simple atmósfera, una revolución en el entendimiento tradicional del paisaje en Venezuela.
Por qué importa hoy
Chacón no solo rescató una tradición amenazada; creó escuela. Fundó el Grupo Sabaneta, impulsando una corriente que mantuvo viva una mirada venezolana autónoma frente a las modas globales y las decisiones políticas que buscan segmentar la cultura.
Su ejemplo muestra que la imposición de tendencias artísticas oficiales puede dejar al margen expresiones vitales para la identidad y la historia cultural.
Lo que sigue: resistencia o extinción cultural
El testimonio de Jorge Chacón desafía el actual dominio de agendas artísticas que priorizan discursos y técnicas ajenas a nuestro contexto. ¿Lograrán sobrevivir las expresiones autóctonas o seguirán apagándose bajo dictados culturales respaldados por el oficialismo?
El futuro del arte paisajista y, con él, de ciertos aspectos clave de nuestra cultura, está en juego. Ignorar esta realidad es darle la espalda a una parte fundamental de la historia venezolana.