Carayaca: El olvido oficial tras el terremoto que deja al pueblo a la deriva

Carayaca, el pueblo que el Estado dejó solo tras el terremoto

Cuatro días después del devastador terremoto que sacudió Venezuela, Carayaca sigue sin recibir atención oficial. Mientras miles de civiles, rescatistas extranjeros y Protección Civil concentran sus esfuerzos en zonas más visibles de La Guaira, este pueblo queda en el abandono.

¿La emergencia? Solo control de tránsito y promesas incumplidas

Desde Catia la Mar, el camino hacia Carayaca es un registro desolador: casas derrumbadas, miles durmiendo en la calle, negocios saqueados. Sin embargo, la presencia policial y militar se limita a controlar el tráfico, no a proveer ayuda o asistencia directa.

En sectores como Las Tunitas, la realidad empeora: carecen de luz, agua potable y alimentos. Los habitantes hacen señas en la carretera pidiendo ayuda, pero nadie del gobierno les responde.

La ausencia del Estado, la tragedia de Carayaca

  • Ni una sola visita oficial para evaluar daños o entregar insumos.
  • El rescate de heridos y cuerpos lo realizó la comunidad, sin recursos ni apoyo estatal.
  • La Unidad Educativa Rafael Rangel, centro de refugio para decenas, perdió gran parte de su infraestructura y sigue sin apoyo.

Las voces del pueblo no se esconden: “Nosotros hemos sobrevivido sin gobierno, solo con el esfuerzo del pueblo”. La desconfianza crece, y no es menor: denuncian incluso saqueos y robos cometidos por policías en el área tras el desastre.

La tragedia que no quieren enfrentar: 11 muertos en un solo edificio

En la zona más afectada de Carayaca, el colapso del edificio Residencias Da Silva dejó 11 muertos. Mauro Perdomo, dueño de un abasto, relata que el rescate fue improvisado y realizado por vecinos y algunos bomberos sin equipo adecuado.

El llamado urgente es claro: el gobernador y el alcalde deben asumir el compromiso real para atender a toda La Guaira y evitar que la tragedia se extienda.

Mientras el gobierno brilla por su ausencia, la comunidad se moviliza

En la Plaza Bolívar, la Parroquia San José se convirtió en centro de acopio. Vecinos, sumados a voluntarios de otras regiones, organizan camiones con insumos para las zonas golpeadas. Todo sin apoyo estatal.

Jesús Miguel Da Silva, voluntario, resume: “Este pueblo está en duelo, pero su gente sigue solidaria. Sabemos que el Estado no llegará, por eso nos ayudamos entre nosotros”.

¿Hasta cuándo el silencio y la desidia oficial?

La tragedia en Carayaca expone lo que muchos gobiernos prefieren no mostrar: la incapacidad o falta de voluntad para atender emergencias en zonas remotas. El abandono afecta la seguridad, alimentación y salud de miles. La consecuencia es clara: el Estado pierde legitimidad mientras la comunidad se ve forzada a suplir su ausencia.

Lo que viene es inevitable: sin una respuesta efectiva, Carayaca y otras zonas similares seguirán a la deriva, con más víctimas y un pueblo cansado de ser solo un número en las estadísticas oficiales.

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