La verdad oculta tras la falla del Estado en la crisis del terremoto en Venezuela
Venezuela en emergencia: el Estado no está listo
El terremoto del miércoles dejó en evidencia una crisis institucional profunda y un Estado incapaz de responder a la verdadera amenaza. Ángel Rangel Sánchez, exdirector de Protección Civil, denuncia que la multidimensional crisis limita cualquier acción eficaz. ¿Por qué el país no está preparado para enfrentar desastres naturales?
Un desastre anunciado
Rangel no duda: este sismo es el más grave en Venezuela desde 1900, pero llegó en el peor momento posible. La pobreza elevada y la desinversión sistemática en organismos de prevención convierten a la sociedad en terreno fértil para la tragedia. Sin los equipos ni recursos, ¿cómo esperar una respuesta efectiva?
¿Por qué otros países sufren menos muertos?
La respuesta está en la planificación. Japón y Chile han invertido en cultura preventiva, Venezuela solo reacciona después del desastre. Lo que vemos es un patrón de negligencia persistente.
Inversión desviada, prioridades equivocadas
Durante dos décadas, el presupuesto se destinó a la seguridad militar y policial, no a proteger a los ciudadanos frente a emergencias naturales. Bomberos y Protección Civil quedaron relegados a un segundo plano mientras se preparaban para motines, no para salvar vidas ante sismos.
Sin mando único ni información clara
Ni el Ejecutivo ni la Fuerza Armada asumieron coordinación efectiva ni comunicación oficial. Sin una vocería clara, la población quedó desinformada y sin rutas de ayuda claras en horas críticas. La falta de liderazgo es un riesgo que agrava cualquier emergencia.
Voluntarios sin apoyo, rescates a ciegas
El registro de voluntarios tardío y mal organizado refleja improvisación. Médicos y rescatistas enfrentaron fallas eléctricas y burocracia que retrasó la ayuda vital en las primeras 72 horas, cruciales para salvar vidas.
El Estado ausente, la sociedad en emergencia
El rescate dependió de cuerpos de bomberos y ciudadanos, que actuaron con recursos propios. Eso deja claro que, en esta crisis, el Estado es un espectador y no un protagonista.
Qué se viene
Sin una reforma urgente, Venezuela seguirá siendo rehén de emergencias donde la institucionalidad y la preparación brillan por su ausencia. La tragedia exige romper sectarismos y convocar a profesionales, universidades y al sector privado para levantar una red efectiva de respuesta. Si no, el próximo desastre tendrá víctimas evitablemente altas.