El gobierno despertó tarde y actúa para entorpecer, no para ayudar
Familiares de desaparecidos y voluntarios denuncian con dureza: tras 48 horas de inacción, el régimen encabezado por Delcy Rodríguez limita el acceso a La Guaira, donde se concentra la tragedia, a quienes intentan ayudar.
Durante las horas críticas tras los terremotos, cientos de ciudadanos organizaron rescates, asistencia y limpieza de escombros sin ningún apoyo oficial. Los testimonios son claros: el gobierno no solo no estaba presente, sino que ahora impone restricciones bajo el pretexto de «mantener el orden».
El pueblo salva vidas, pero el régimen obstruye
Un voluntario que prefirió anonimato relata a El Nacional cómo ellos mismos sacaron vivos mientras las autoridades ordenaban detener el rescate. Policías sin actuar ante saqueos y desamparo, niños sin comer por más de 24 horas, maquinaria pesada asignada a tareas que no eran de salvamento: esta es la realidad ignorada por el gobierno.
La orden de restringir el ingreso a La Guaira mediante un registro obligatorio en el Poliedro de Caracas solo complica y retrasa la respuesta ciudadana. Bajo el discurso de facilitar paso a ambulancias y bomberos, se privilegia el control burocrático sobre la urgencia, impidiendo el acceso de donaciones y voluntarios.
¿Quién es la verdadera prioridad?
Cientos protestan porque la burocracia criminaliza la solidaridad. El productor Jorge Glem lo dejó claro: coordinar no puede significar retrasar la ayuda ni convertir la solidaridad en un problema. La prioridad es salvar vidas, no controlar personas.
Desamparo y censura en zonas clave
La abogada Tamara Sujú expone una lista creciente de edificios donde no ha llegado ayuda o es insuficiente: sectores clave como Caribe, Caraballeda, Playa Grande y otros siguen sin rescates efectivos. La inacción oficial se prolonga y deja a víctimas a la deriva.
Lo que viene: prolongación de la crisis y mayor caos
Con el gobierno cerrado a la ayuda externa y obstaculizando a los ciudadanos, la tragedia podría profundizarse. Más víctimas, desaceleración en rescates y desgaste del tejido social son consecuencias directas. La falta de respuesta efectiva desde el Estado revela un problema mayor: un régimen que no quiere ni puede garantizar siquiera lo mínimo en una emergencia.
Esto no es solo un terremoto natural. Es un terremoto político que aplasta a Venezuela.