Venezuela expulsó a 9 millones y el mundo sigue sin entender por qué quieren volver

9 millones fuera, y nadie explica por qué siguen queriendo volver

Arianna de Sousa-García abandonó Venezuela hace una década, obligada por una crisis que el mundo sigue negando o simplificando. Su historia es la de millones: dejarlo todo para salvar a sus hijos, lidiar con la distancia y el desprecio de quienes llaman «fascistas» a quienes solo buscan vivir.

¿Por qué esta diáspora no es casualidad?

En Venezuela hay casi 9 millones fuera, dispersos en países donde llegaron según contactos, recursos y oportunidades. Colombia, Perú, Estados Unidos y Chile suman millones. Pero en vez de empatía, los venezolanos enfrentan insultos desde países con servicios garantizados y comodidades básicas. Se les acusa de ideologías extremas mientras sufren discriminación real y abandono.

Lo que no cuentan: la migración no es solo números

Arianna explica que detrás de cada cifra está la pérdida irreparable de raíces, la separación familiar, el dolor de no poder honrar a un abuelo, la incertidumbre del futuro. Denuncia el estigma que los lleva a ser vistos como delincuentes o cargas, olvidando que son víctimas de un régimen que destruyó su país.

El enfoque real: ¿qué viene para Venezuela y su gente?

Con la captura de Maduro, surge un alivio cauteloso, no una solución inmediata. La región enfrenta un desafío mayor: dejar de ver a los venezolanos como un problema ideológico y empezar a reconocerlos como personas que merecen vivir. La reconstrucción dependerá de la capacidad de integrar a esta diáspora, no de discursos vacíos o estigmatizaciones.

Una pregunta que pocos se atreven a hacer:

¿Cuánto tiempo más seguirá América Latina negando la tragedia venezolana mientras sus ciudadanos se dispersan sin regresar?

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