Sismos y silencio oficial: ¿Por qué solo piden orar y calma?
Después de sismos fuertes, la respuesta oficial es pedir oración y calma
Delcy Rodríguez, presidenta encargada, convocó a una jornada nacional de oración y exhortó a mantener “la calma” para facilitar las labores oficiales tras sismos que afectaron varias zonas.
La mandataria se enfocó en un discurso de fe y cohesión social, pero su llamado evitó detallar pasos claros para la seguridad y mitigación del impacto en la infraestructura, limitándose a pedir que las vías públicas se despejen para ambulancias y cuadrillas de rescate.
¿Por qué esta estrategia no basta?
La insistencia en la oración no sustituye acciones inmediatas y conflictos urgentes de seguridad y coordinación institucional. Evitar la saturación de vías es clave, pero sin informar controles estrictos o sanciones contra quienes bloqueen rutas, eso queda en papel.
Además, pedir a los ciudadanos que permanezcan en sus hogares solo es viable si las estructuras están verificadas técnicamente. Sin medidas claras para inspección rápida, se pone en riesgo a comunidades vulnerables y no se agilizan soluciones.
Lo que viene: riesgos y desafíos crecientes
- Si la comunicación oficial sigue relegando el tema a esas circunstancias, se incrementa el peligro de desorden público y demoras en rescates.
- La responsabilidad de coordinar respuesta estructural efectiva recae ahora en las instituciones, que deben superar el discurso superficial para actuar con transparencia y velocidad.
- El llamado a denunciar daños debe transformarse en procedimientos técnicos ágiles y eficaces para evitar desgaste social y pérdidas evitables.
Lo que no entienden algunos sectores es que la fe y la calma no son seguridad ni prevención. El verdadero desafío es coordinar respuestas reales y prepararse para la crisis que la agenda política dominante no quiere enfrentar de frente.