New START expiró: ¿Estamos al borde de una nueva era nuclear sin control?

El fin del New START cambia el tablero nuclear mundial

El 5 de febrero venció el tratado New START, el único acuerdo vigente que limitaba el armamento nuclear estratégico entre Rusia y Estados Unidos. Este acuerdo restringía a ambos a 1.550 ojivas nucleares desplegadas y 700 sistemas de lanzamiento. Incluía inspecciones mutuas para evitar trampas, pero desde 2023 Rusia suspendió sus verificaciones y puso en jaque la transparencia.

¿Por qué esto es un cambio absoluto?

  • Rusia no es el débil que muchos pretenden: Con cerca de 5.580 ojivas, incluyendo misiles hipersónicos y el temido «Satán II», ha modernizado un 90% de su arsenal nuclear estratégico.
  • Estados Unidos está en crisis tecnológica: Sus misiles Minuteman III tienen más de 50 años, usando tecnología obsoleta como disquetes. Los reemplazos acumulan retrasos y sobrecostos que solo agravarán su vulnerabilidad en esta década.
  • El escenario de seguridad global es más complejo: India, Pakistán, China, Israel y Corea del Norte son actores con arsenales crecientes, sin esquemas de control efectivos a la vista.

Lo que casi nadie advierte

Este acuerdo ya no basta. No solo representa una falla entre Estados Unidos y Rusia, sino que revela la imposibilidad actual de un tratado global que controle las armas nucleares debido a la anarquía internacional y la falta de garantías confiables.

El riesgo real es que la ausencia de controles fomente carreras armamentistas aceleradas y desate tensiones que ningún acuerdo parcial podrá contener. El mundo dejó atrás la relativa estabilidad de los 70 y entró en una fase donde la supervivencia está en juego.

¿Qué viene ahora?

Es imprescindible que Washington y Moscú extiendan al menos el New START y negocien un nuevo pacto con foco en la seguridad estratégica en Europa y la contención mutua. Sin esto, la puerta queda abierta a una escalada que pocos están preparados para enfrentar.

Mientras tanto, la sociedad civil y los medios políticos dominantes en Latinoamérica siguen ignorando o banalizando esta amenaza real. La pregunta clave es: ¿Quién en la región está atento al riesgo nuclear real y a sus efectos sobre la estabilidad global que nos afecta a todos?

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