La trampa del chavismo: cómo se aferran al poder tras la transición
La farsa de la transición venezolana
El chavismo no desaparece, solo cambia de forma. Laura Dogu ya habló con Delcy Rodríguez y propone usar las fases del Marco Rubio para una supuesta «estabilización». Pero el riesgo real es que el chavismo mantenga su poder detrás del telón, controlando territorios, empresas y fuerzas armadas a cambio de «orden».
¿Qué significa esto?
- Chavismo reciclado como socio político: Se busca integrar al PSUV como gestor de estabilidad sin exigir rendición de cuentas real.
- Reconciliación sin justicia: La «Fase 2» puede servir para blanquear al régimen sin desmantelar sus redes de impunidad.
- Dependencia institucional: Sin limpieza efectiva del aparato estatal, el chavismo queda con capacidad de veto en el nuevo gobierno.
Las consecuencias que no se cuentan
Este enfoque, centrado en «orden y negocios», puede significar que el chavismo maniobre desde las sombras por años. El caso Saab-Gorrín, con cooperación de Sebin, FBI y CIA, sugiere una estrategia doble: presionar, pero conservar estructuras mientras Delcy intenta equilibrar intereses opuestos entre Washington y Diosdado Cabello, el verdadero jefe del régimen hoy.
Cabello controla la revolución desde las sombras, orchestrando purgas y manteniendo el aparato intacto a pesar de la salida de Maduro. Delcy cumple órdenes externas solo si Diosdado lo permite. La realidad es que el poder no se reparte, se preserva «un día a la vez».
¿Qué debería preocuparnos ahora?
- Mesitas de diálogo falsas: Convocadas por el chavismo para simular apertura, pero sin capacidad real de cambio bajo un Parlamento dominado por Diosdado.
- Aumentos ocultos en servicios públicos: Tarifas suben entre 18% y 45%, golpeando directamente a la economía familiar y empresarial amid inflación creciente.
- Programas de paz que buscan controlar actores legítimos: Filtrando y excluyendo voces críticas para normalizar el poder chavista.
- Estancamiento económico disfrazado: Mientras se vende una transición irreversible, el FMI proyecta hiperinflación y caída económica que afectan a todos.
En resumen
No se trata solo de un cambio político visible, sino de una maniobra para que el chavismo mantenga influencia decisiva tras bambalinas. La supuesta «transición» puede volverse en cadena silenciosa que prolonga su dominio sobre instituciones, economía y seguridad. La narrativa que impone el oficialismo y ciertos actores externos oculta esta realidad con discursos de estabilidad y reconciliación.
La pregunta es: ¿quién controla realmente Venezuela hoy? Y ¿a qué precio se mantiene ese «orden»?