La trampa ‘china’ de los hermanos Rodríguez en la Venezuela de hoy

¿Se construye libertad con una economía abierta y un poder cerrado?
La trampa que nadie quiere enfrentar en Venezuela.

Después del 3 de enero y la caída de Maduro, los cambios en sectores clave como petróleo y banca avanzan bajo tutela internacional, pero el verdadero control político y militar sigue en manos de los hermanos Rodríguez.

Delcy Rodríguez como presidenta interina y Jorge Rodríguez al frente de la Asamblea Nacional representan una continuidad autoritaria sin legitimidad real. Su gobierno es un Estado fallido: represión, corrupción, manipulación y una propaganda diseñada para mantener un poder sin control democrático.

El paralelo con Deng Xiaoping y su modelo chino no solo es erróneo, es peligroso. China aplicó reformas económicas desde un Estado funcional y centralizado, mientras que Venezuela enfrenta un Estado criminalizado, fragmentado y sin control territorial real.

Intentar imitar ese modelo en Venezuela sin un Estado de derecho consolidado equivale a dejar que la misma élite que destruyó el país termine de devorarlo bajo la fachada de crecimiento económico.

Más aún, una apertura económica sin justicia ni reconstrucción institucional solo fortalece a los grupos que capturaron el Estado. Subsidios, burocracia y inversión condicionada se convertirán en herramientas para perpetuar una base política cautiva y silenciar voces críticas.

¿Qué sigue entonces?

  • Elecciones generales antes de septiembre 2026, sin reformas electorales profundas, no hay cambio real.
  • Reestructurar urgentemente el CNE, depurar el registro electoral, implementar votación remota auditada y censar la diáspora con tecnología.
  • Construir un mecanismo efectivo para la salida de quienes hoy controlan las instituciones y los cuerpos represivos, sin venganza, pero con justicia.
  • Un Plan Marshall tutelado que asegure la reconstrucción institucional a 50 años: Estado de derecho, independencia de poderes, seguridad jurídica y economía competitiva.

Estados Unidos, con su poder hemisférico, tiene la responsabilidad de garantizar reglas claras y acompañar una transición real, no un simulacro «a la china» que solo recicla el socialismo bajo otro disfraz.

Venezuela debe elegir: repetir la historia de un crecimiento ilusorio bajo dominio de minorías o apostar por la prosperidad con justicia, camino imprescindible para recuperar la República y ofrecer un ejemplo para el continente.

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