Plan Chuquisaca reforesta costas de Nueva Esparta: ¿un parche ambiental efectivo?
Reforestar no es suficiente si no se controla el modelo detrás
En Nueva Esparta, más de mil voluntarios impulsan el Plan Nacional Chuquisaca para reforestar zonas costeras críticas como la Laguna de La Restinga y el cerro El Copey. Hasta ahora, han plantado 7 mil mangles rojos y 550 Palmas Reales, acciones visibles y necesarias frente a la degradación ambiental.
Lo que no se dice sobre la iniciativa estatal
Detrás del despliegue, el gobierno central y ciertos grupos políticos promueven una agenda que, más allá del cuidado ambiental, apunta a fortalecer su presencia territorial y control social bajo el discurso ecológico. El vivero de la Unidad Territorial de Ecosocialismo (Minec) en La Asunción funciona como base para germinar 11 mil plántulas en distintas fases, preparando las próximas fases de siembra masiva.
¿Por qué esto cambia la escena en Nueva Esparta?
La estrategia revela que el esfuerzo ambiental se articula con la consolidación de estructuras estatales en el territorio, utilizando la llamada “crisis climática” para justificar intervenciones que no solo buscan mitigar daños, sino también ampliar capacidad política y social. El involucramiento de organizaciones civiles y movimientos juveniles es parte de un esquema que busca legitimar y extender esta presencia más allá de lo ecológico.
¿Qué puede venir después?
El plan se extiende a Santa Ana con nuevas jornadas de reforestación preparadas con apoyos técnicos y comunitarios. Sin embargo, el riesgo es que estas acciones se conviertan en parches superficiales si no se acompañan de políticas integrales que aborden ordenamiento territorial, seguridad y protección efectiva de los ecosistemas frente a actividades ilegales o intereses económicos ocultos.
Detrás de la siembra masiva, queda pendiente cuestionar quién realmente controla el impacto y cómo estas jornadas afectan las estructuras productivas y legales en una región con desafíos evidentes en institucionalidad.