Vigilantes en Venezuela: La fuerza oculta que sostiene la seguridad privada

Vigilantes venezolanos: el rostro invisible de la seguridad privada

En Venezuela, miles de profesionales y exfuncionarios se reinventan como vigilantes privados. No por elección, sino por la urgencia de sobrevivir ante un desempleo implacable.

Estos hombres y mujeres trabajan jornadas de hasta 24 horas, parados durante horas, equipados con botas pesadas y uniformes, comunicándose con códigos que pocos entienden. No son simples guardianes, sino la columna vertebral que sostiene la seguridad en centros comerciales y otros espacios, pero sin reconocimiento real.

¿Qué significa esta realidad?

La transformación de perfiles profesionales y exfuncionarios en vigilantes revela un cambio profundo en el mercado laboral venezolano. Este sector silencioso sostiene el orden mientras el Estado pierde capacidad y control. Sin estas personas, la inseguridad sería mucho mayor, pero sus condiciones laborales —salarios bajos, riesgos físicos y desgaste— reflejan una emergencia que el discurso oficial ignora.

¿Qué viene después?

Si esta realidad persiste, la seguridad privada seguirá absorbiendo mano de obra calificada, pero con costos sociales y económicos elevados: problemas de salud para quienes soportan extensas jornadas, y empresas que trasladan estos gastos al usuario final o al Estado. La pregunta es si habrá políticas reales para detener este desplazamiento forzado de profesionales hacia roles que no corresponden a su formación ni dignidad.

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