Petro y Colombia: ¿Cambio real o espejismo que divide al país?

Petro no estará en la segunda vuelta, pero su influencia pesa más que nunca

Colombia enfrenta elecciones decisivas el 21 de junio. Sin Petro en la contienda por prohibición constitucional, su sucesor se elige entre Iván Cepeda, aliado directo de su proyecto, y Abelardo de la Espriella, su crítico más férreo. Así, el veredicto sobre la era del «presidente del cambio» no es directo, pero sí contundente.

Un país que cambió, pero ¿para bien o para mal?

Desde su llegada en 2022, Petro impulsó reformas trascendentales en salud, trabajo, educación, economía, territorio y seguridad. Algunas quedaron incompletas o bloqueadas, pero la sensación general es clara: Colombia ya no es la misma. ¿El problema? No siempre para mejor.

La agenda de cambio no es solo un discurso: representa un giro en la forma de gobernar y en la distribución del poder, con inclusión histórica de grupos antes marginados, como afrocolombianos en altos cargos, y un debate público que pasó de la seguridad a derechos sociales y ambientales. Sin embargo, esta inclusión ha generado tensiones que dividen aún más a la sociedad.

Lo que no se dice: la seguridad y la economía en la balanza

El cambio incluyó una reforma laboral que limita las modalidades de contratación y eleva costos para las empresas, algo que muchos ven como un freno a la creación de empleo formal en un país con alta informalidad. La reforma pensional aumentó la cobertura pero sus dudas de viabilidad financiera siguen en debate, incluso con suspensiones judiciales.

La crisis en el sistema de salud, con largas esperas y déficit de medicamentos, refleja una falla que Petro no pudo corregir ni con decretos ni con intervenciones directas. En el campo, la reforma agraria benefició a miles, pero la concentración de tierras persiste como una bomba de tiempo social.

El elefante en la habitación: la «paz total» que no llegó

La estrategia de diálogo con grupos armados no logró pacificar regiones clave ni frenar la violencia. Al contrario, asesinatos políticos y aumento de los grupos ilegales recuerdan épocas oscuras. Mientras el gobierno habla de avances y ceses al fuego temporales, la mayoría de guerrillas permanecen activas o fortalecidas.

Esta falla estratégica ha dejado abierta una herida que será clave para la siguiente administración y que cuestiona el verdadero alcance de las promesas de Petro frente a la realidad en terreno.

Un giro en política exterior y ambiental, ¿pero a qué costo?

La ruptura con aliados tradicionales como Israel y EE.UU. y la apuesta fuerte a temas ambientales redefinieron la posición internacional de Colombia. Pero la duda es si estos cambios obedecen a una política sostenible o al sello personal del mandatario, con el riesgo de revertirse ante un cambio de liderazgo.

¿Qué viene después?

El futuro de Colombia está en la boleta electoral. Cepeda propone profundizar la agenda transformadora que puso a prueba la estabilidad económica y la seguridad. De la Espriella promete revertir esos cambios con un enfoque conservador, restableciendo alianzas externas y priorizando la mano dura contra la inseguridad, incluso si eso implica políticas cuestionadas ambientalmente.

La verdadera pregunta es: ¿Está Colombia preparada para seguir por el camino de un cambio que ha evidenciado más debilidades que certezas o resignarse a una vuelta atrás que asegura estabilidad pero limita reformas urgentes?

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