Menos del 30% de estadounidenses realmente interesa el Mundial de Fútbol
El Mundial que Estados Unidos organiza pasa desapercibido entre su propia gente
A solo nueve días del inicio del Mundial de fútbol celebrado en Estados Unidos, México y Canadá, menos del 30% de los adultos estadounidenses muestran interés real, según revela una encuesta del centro Pew.
Los datos que ponen en jaque la narrativa oficial
De 3.507 encuestados en marzo, un aplastante 66% aseguró que no seguirá o casi no seguirá la Copa del Mundo. Apenas un 28% dijo que tendrá interés, y dentro de este grupo solo el 14% está comprometido con el torneo.
Este muro de indiferencia contradice la percepción de que el fútbol, o “soccer”, está en ascenso acelerado en EE. UU., a pesar de ser el deporte líder entre jóvenes.
Realidad detrás de la popularidad del «soccer» en EE. UU.
Desde la creación de la MLS en 1993, el fútbol nunca logró consolidarse en el gusto masivo hasta la última década, con la llegada de jugadores estrella como Beckham e Ibrahimovic. Sin embargo, la liga aún no domina la escena nacional; más bien, los aficionados siguen a clubes europeos o mantienen afinidad con equipos de sus países de origen.
El impacto real del Mundial está en las comunidades inmigrantes: un 54% de ellos planea seguir el evento, frente a solo un 23% de ciudadanos nacidos en EE.UU. Especialmente asiáticos (44%) e hispanos (42%) impulsan ese interés.
¿Qué pasará con el fútbol y la integración en Estados Unidos?
Este divorcio entre la mayoría de la población y el Mundial alerta sobre las divisiones culturales que enfrenta el país y la limitada influencia del torneo en la escena deportiva local. El fútbol sigue siendo, más que un fenómeno nacional, un reflejo de intereses segmentados y una agenda política impulsada por ciertos grupos.
Mientras tanto, el fútbol americano sigue siendo el deporte dominante para un 53% de los estadounidenses, mientras que solo un 3% apuesta por el «soccer» como su deporte preferido, según otro estudio reciente.
Este dato no solo cuestiona el futuro del Mundial en suelo estadounidense, sino que abre interrogantes más amplios sobre identidad, cultura y prioridades deportivas dentro del país.