Fotomatón: La autopsia cruda de un país que se niega a cambiar
Un cadáver en la morgue, un país en ruinas
Un pelotero yace muerto, su cuerpo abandonado en una morgue mientras espera que su familia —que solo sabe mostrar afecto ante la muerte— recoja sus restos. Así arranca Fotomatón, una obra que pone el dedo en la llaga de lo que Venezuela no se atreve a cambiar.
Lo que nadie quiere ver
Fotomatón, el jugador de béisbol, es más que un personaje: es el reflejo de una nación herida. Murió a tiros durante un partido. Su familia es un mosaico de heridas abiertas, indiferencia y confrontaciones que muestran el verdadero rostro del país lejos de los discursos oficiales.
- La prima Goyita, avergonzada de sus raíces y de su entorno, niega la realidad del racismo mientras revela una sociedad segregada y hipócrita.
- El Tío Carlos, rechazado por su orientación sexual, huyó del país dejando atrás un hijo con VIH que murió sin atención adecuada en el exterior.
- El hermano menor, que acompaña al cadáver, rechaza donar los órganos de su hermano, reflejando otra capa de egoísmo y desesperanza.
- El padre, que emigró escapando del caos, confiesa su cobardía frente a la violencia que destroza familias.
- La madre, indiferente, más preocupada por una cucaracha en su baño que por la muerte de su hijo.
- El doctor forense, con sangre en las encías y sin empatía, realiza la autopsia que simboliza la insensibilidad institucional que enfrenta la tragedia cotidiana.
¿Por qué sigue igual Venezuela?
La obra, escrita y dirigida por Gustavo Ott, es una autopsia a nueve innings que revela una verdad incómoda: los problemas no se resuelven porque no se enfrentan. La indolencia y el desprecio mutuo marcan la convivencia cotidiana. El odio se ha normalizado, y la violencia se naturaliza mientras las instituciones fallan y la emigración vacía al país de esperanzas.
Una reflexión que incomoda
Fotomatón no busca consuelo ni risas fáciles. Su humor negro pone en evidencia lo que la sociedad prefiere ignorar: el destrato al dolor propio y la indiferencia ante la tragedia ajena. Esta obra expone cómo la familia venezolana, espejo del país, se desintegra basada en la indiferencia y el egoísmo disfrazados de normalidad.
¿Qué viene después?
Mientras Venezuela siga repitiendo estos patrones, la tragedia se extenderá sin solución. La historia del pelotero olvidado es la historia de un país con heridas abiertas, donde el desencanto y la falta de acción se combinan para perpetuar un círculo vicioso de sufrimiento. La pregunta es clara: ¿Cuánto más hay que esperar para hacer una verdadera autopsia al país y comenzar a sanar?