Prisionero militar denuncia torturas extremas de la DGCIM desde 2017

Denuncia explosiva desde el interior del sistema militar venezolano

Darwin Antonio Solís Benítez, preso desde 2017, revela en una carta manuscrita que ha sufrido torturas sistemáticas bajo custodia de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM).

¿Qué pasó?

Detenido el 6 de agosto de 2017, Solís, sargento primero en reserva activa, fue capturado en Carabobo por funcionarios del CONAS y la DGCIM. Desde el primer momento denunció golpes, patadas y maltratos brutales, incluso estando inmovilizado. El abuso continuó pese a lesiones evidentes que requirieron suturas en un hospital.

Tras la atención médica, lo llevaron a la sede de la DGCIM en Boleíta, donde lo recibieron con otra golpiza y le obligaron a pasar la noche en posición de cuclillas. Apenas dos días después, lo forzaron a firmar documentos sin permitirle leerlos.

Luego fue trasladado en helicóptero al Fuerte Paramacay, donde altos mandos ordenaron un “trato especial” que, según su relato, consistió en golpes continuos y torturas físicas extremas: asfixias múltiples hasta perder la consciencia, castigos con tablas en zonas sensibles y abusos con objetos cortantes y martillazos en las uñas.

¿Por qué esto cambia el escenario?

Solís se presentó ante un Tribunal Militar descalzo, ensangrentado y con hematomas, denunció a jueces y fiscales como parte de un sistema que avala el maltrato y la ilegalidad. Además, relató ataques con gas pimienta, descargas eléctricas y agresiones con perros dentro de la prisión de Ramo Verde, uno de los recintos más seguros y supervisados del país.

Esta carta desmonta la fachada oficial sobre el respeto a los derechos en cadenas militares y revela un patrón de violencia y abusos institucionalizados que nadie quiere admitir.

¿Qué puede venir?

Este caso tiene potencial para sacudir al estamento militar y presionar por revisiones profundas en las prácticas de detención y custodia. Ignorar estas denuncias significa perpetuar una cultura de impunidad y violencia que afecta no solo la seguridad individual, sino la legitimidad de las instituciones encargadas de proteger al país.

¿Quién tendrá el valor para actuar frente a una estructura que protege a sus propios responsables?

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