El mensaje oculto tras el mural que nadie quiere analizar
Un mural con un mensaje que incomoda
En el Salón de los Escudos del Palacio Federal Legislativo se encuentra un mural poco comentado, aunque fundamental para entender control e identidad política en Venezuela. Es la obra de Pedro Centeno Vallenilla (1952-1954), de gran formato y simbología explícita que pocos cuestionan.
Lo que muestra el mural
En el centro aparece una mujer que representa a Venezuela: piel blanca, ojos almendrados aborígenes y colores patrios en su vestimenta. A su lado, un anciano con larga cabellera y barba blanca mira al cielo con gesto de profeta. Su imagen remite inevitablemente a Isaías, considerado símbolo en el cristianismo del anuncio de un salvador universal.
El mural combina símbolos que refuerzan una narrativa dominante: religión, sacrificio y liderazgo mesiánico, vinculando la figura de Bolívar con lo divino y lo trágico. No es casualidad que el artista haya puesto esta figura justo en el Parlamento, epicentro del poder ideológico y político.
¿Por qué esto importa?
Porque este mural no es solo arte, es un mensaje político que sigue vigente. Sugiere que la libertad de Venezuela está atada a una visión casi religiosa del liderazgo y la historia nacional, cerrando espacio para cuestionamientos y alternativas.
La referencia al Libertador como un “insigne majadero” junto a Jesucristo y Don Quijote, una figura idealizada y heroica, refuerza un culto a la personalidad que ha moldeado la política contemporánea del país.
¿Qué viene después?
Este tipo de símbolos en espacios oficiales asegura que se mantenga un relato único y controla qué ideas pueden prosperar. Entender esta estrategia es clave para desmontar discursos que pretenden sofocar el debate político y limitar la pluralidad.
La pregunta es: ¿cuántos más mensajes ocultos como este existen en los símbolos de poder, y qué tanto están influyendo en la dirección del país sin ser discutidos?