El suicidio en Venezuela: una crisis olvidada
Desde 2016 el gobierno no publica cifras oficiales de mortalidad. La desesperanza, la ansiedad y la depresión se esconden mientras los suicidios avanzan en silencio.
¿Por qué no hay datos?
Sin estadísticas oficiales actualizadas, carecemos de vigilancia real. No hay monitoreo ni políticas públicas que detecten el problema o lo atiendan. El dolor se reduce al ámbito privado, disfrazado de resiliencia.
Qué revela este vacío
La ausencia de información muestra una administración incapaz o desinteresada en un problema que no solo es sanitario, sino también social y político. La falta de datos impide medir si los suicidios aumentan en esta nueva etapa política o si las condiciones empeoran.
¿Qué viene?
Sin cifras ni acciones, la emergencia de salud mental seguirá ocultándose. El silencio oficial condena a miles al aislamiento y la soledad. ¿Cuántas vidas podrían salvarse si el Estado reconociera, midiera y actuara?