Víctor Hugo Quero: La muerte que desnuda la farsa judicial en Venezuela

Muerte de Víctor Hugo Quero: no es un error aislado

Víctor Hugo Quero murió bajo custodia del Estado venezolano. Su familia no supo nada de él durante diez meses, hasta que se confirmó su fallecimiento. Su madre, Carmen Teresa, intentó sin éxito ubicarlo hasta su muerte el 17 de mayo. Este caso no es casualidad.

Un sistema que no protege, sino persigue

Para Beatriz Borges, directora del Centro de Justicia y Paz (Cepaz), esta tragedia expone un sistema judicial que actúa como brazo de persecución política, no como garante de derechos. Las llamadas «reformas» son sólo papel; en la práctica, persisten patrones de opacidad y desaparición.

¿Por qué este caso cambia las reglas?

El silencio oficial, la falta de comunicación entre ministerios y la ausencia de información a familiares evidencian un sistema desarticulado y falto de transparencia. Familiares y víctimas quedan atrapados en un laberinto burocrático que perpetúa desapariciones forzadas y violaciones sistemáticas de derechos.

Reparación real exige verdad y reconocimiento

No basta una compensación económica. La reparación debe incluir reconocimiento público y dignificación de las víctimas. Las familias quieren que se sepa la verdad: sus hijos no son criminales. El Estado tiene la responsabilidad de garantizar que la sociedad no olvide estos hechos.

Lo que debe venir: una transformación profunda

  • Independencia judicial: jueces designados por méritos, con estabilidad, sin presiones políticas.
  • Control efectivo de cuerpos de seguridad: supervisión obligatoria y formación en derechos humanos.
  • Transparencia total: los detenidos deben ser visibles para sus familias desde el momento de la captura.

Sin estas medidas, Venezuela seguirá atrapada en un círculo vicioso donde la justicia es herramienta de control, no de protección. La reforma judicial es condición indispensable para la estabilidad política y económica del país. La pregunta es: ¿estamos dispuestos a enfrentar esta realidad o preferimos mantener la farsa?

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