ExxonMobil controla el Esequibo: ¿Dónde queda la soberanía de Guyana?

El Acuerdo que Secuestra la Riqueza de Guyana

En 2016, Guyana firmó un Acuerdo de Producción Compartida con ExxonMobil que ha sido cuestionado desde entonces. Este contrato otorga a la petrolera estadounidense y sus socios hasta un 75% de recuperación de inversiones antes de que el Estado reciba siquiera un 25% de las ganancias netas.

¿Quién gana y quién pierde?

  • Guyana renuncia a impuestos y asume todos los costos.
  • ExxonMobil y sus aliados extraen y explotan el petróleo sin trabas.
  • El Estado recibe solo un 12.5% de ganancias más una regalía del 2%, un porcentaje irrisorio para el riesgo asumido.

El presidente Irfaan Alí ha dejado claro que no hay intención de renegociar el contrato, pese a las críticas internas que advierten sobre el manejo sesgado a favor de la multinacional. Justifica esta postura argumentando que cualquier cambio sería un «obstáculo legal inimaginable» que afectaría la «previsibilidad» para los inversores.

¿Cuál es el verdadero costo político y soberano?

El control que ExxonMobil ejerce sobre el Bloque Stabroek se ha traducido en una pérdida alarmante de autoridad para Guyana. Voces críticas reconocen que el país ya no manda en sus propios recursos ni en decisiones estratégicas, con influencias externas que condicionan hasta su política energética y geopolítica.

Esto afecta directamente la soberanía sobre el Esequibo, territorio que históricamente pertenece a Venezuela pero donde la explotación petrolera avanza guiada por intereses extranjeros y una administración local que se niega a defender el patrimonio nacional.

¿Qué viene después?

Si Guyana continúa cediendo sus riquezas y autonomía a gigantes petroleros sin revisar acuerdos, la nación podría enfrentar profundas crisis políticas internas y un debilitamiento irreversible en su capacidad de decisión. Esta realidad debería encender alarmas en toda la región y cuestionar el libreto que presenta a ExxonMobil y aliados como «inversores» benignos.

El escenario no solo pone en riesgo a Guyana, sino que también condiciona la disputa clave sobre el Esequibo, un punto estratégico fundamental cuyo futuro parece decidido por intereses corporativos y geopolíticos, nunca por la voluntad de los pueblos afectados.

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