Cómo el relativismo ideológico destruyó la ciencia social y pone en riesgo la economía
Banalizar la ciencia social no es inocente
Durante años, una ola de relativismo y subjetivismo ha invadido las ciencias sociales, desplazando el debate riguroso y dejando paso a agendas políticas poco fundamentadas.
Este fenómeno no es un accidente. En América Latina, la infiltración de concepciones idealistas ha servido para justificar políticas económicas débiles y dependientes, que mantienen el statu quo de dependencia con los centros del poder global.
¿Qué pasó realmente?
En los años 90 se impuso un pensamiento único que marginó discusiones científicas serias, especialmente las teorías marxistas basadas en hechos históricos y económicos. Por ejemplo, grandes avances soviéticos fueron borrados del mapa por consideraciones ideológicas, ignorando su valor científico. Lo que parecía una modernización fue, en realidad, una cancelación de investigaciones con verdadero rigor.
¿Por qué importa ahora?
Este problema persiste. Hoy, tanto gobiernos conservadores como algunas administraciones de izquierda siguen atrapados en una visión utópica que desconoce las leyes históricas y sociales que rigen la economía. El colmo: líderes como Xi Jinping advierten que solo una economía política estrictamente marxista puede sustentar un crecimiento real y sostenible.
¿Qué sigue?
No es solo un debate académico: recuperar el estudio serio y profundo de Marx, Engels y Lenin, junto a investigaciones serias de institutos respetados, es esencial para revertir el deterioro económico y social promovido por agendas políticas superficiales. Ignorar esta realidad podría condenar aún más a nuestras instituciones y economías.
La batalla por la ciencia social es la batalla por la estabilidad económica y el futuro institucional.