¿Protege el derecho internacional a los pueblos o a los gobiernos autoritarios?
¿Quién es el verdadero protegido del derecho internacional?
La reacción contra la acción de Estados Unidos para extraer a Nicolás Maduro se centra en supuestas violaciones al derecho internacional. La crítica es válida, pero incompleta. Se omite un punto crucial: la agencialidad del pueblo venezolano.
Ninguna crisis elimina la capacidad política de una sociedad para decidir su futuro. El colapso económico o la erosión institucional no convierten a un pueblo en un ente pasivo. Ignorar esto vacía de sentido cualquier análisis legal y reduce el derecho internacional a un ejercicio formalista que no protege realmente a las sociedades.
Autodeterminación: ¿solo contra la dominación externa?
El derecho internacional reconoce la autodeterminación, pero solo en su versión externa: independencia colonial o extranjera. La dimensión interna, que supone que un pueblo elija libremente su sistema político y modelo de desarrollo sin presiones internas ni externas, ha sido sistemáticamente ignorada.
Los tratados internacionales recogen estos principios, pero en la práctica no se activan frente a regímenes autoritarios consolidados ni generan consecuencias efectivas. Esto mantiene a las poblaciones bajo gobiernos que no reflejan su voluntad real.
Tres revoluciones necesarias en el derecho internacional
- Soberanía del pueblo: Dejar de entender la soberanía como propiedad exclusiva del gobierno. Cuando un gobierno traiciona la voluntad popular, su inmunidad internacional debe ser revisada. No es cuestión de legitimar intervenciones arbitrarias, sino de separar Estado, gobierno y pueblo.
- Multilateralismo democrático: Las grandes potencias no pueden resolver solas crisis de legitimidad. Se necesitan organismos regionales autónomos, tribunales independientes sin vetos políticos y mecanismos serios para incluir a las sociedades civiles en la evaluación democrática.
- Condicionalidad democrática: El acceso a créditos y fondos internacionales debe depender de transparencia y participación ciudadana real. No puede permitirse que se use la soberanía sobre recursos naturales para financiar corrupción o represión. El reconocimiento diplomático debe incorporar evaluaciones serias de legitimidad, no ser automático.
Para Venezuela y más allá
La verdadera protección internacional exige crear condiciones para que los pueblos decidan libremente, sin miedo ni manipulaciones. La estabilidad sin democracia solo posterga el conflicto. Intervenir sin devolver esta capacidad real a la sociedad equivale a proteger regímenes, no a fortalecer la democracia.
Criticar la intervención externa sin revisar cómo se aplica el derecho internacional en crisis políticas consolida un sistema que habla de pueblos pero no los escucha. Cuando el derecho se piensa alejando a los pueblos, termina protegiendo al orden autoritario antes que a la voluntad popular.