El populismo de Petro aprieta la economía y empobrece a millones

La inflación que castiga a los colombianos no es casualidad

La pérdida del poder adquisitivo golpea especialmente a los más pobres. Lo que hoy sufre Colombia no es un fenómeno global inevitable, sino el resultado directo de una política económica equivocada y un contexto de inseguridad jurídica y corrupción.

Un círculo vicioso creado por el gobierno

El aumento desmedido del salario mínimo, sin sustento en productividad, encarece costos laborales, reduce el empleo formal y alimenta la inflación.

Esta se llama inflación monetaria: exceso de dinero circulante que solo se controla subiendo la tasa de interés, medida que acaba de adoptar el Banco de la República para frenar el gasto indiscriminado.

Pero la historia tiene dos caras: una tasa de intervención alta encarece créditos, reduce inversión y desacelera la economía, empeorando el futuro inmediato de empleo y producción.

Petro y su gobierno confunden discurso con gestión

Más de tres años de administración populista, marcada por la inseguridad, la incertidumbre y constantes ataques al sector productivo, han resultado en menor inversión, estancamiento económico y empeoramiento de la pobreza.

El aumento de costos para las empresas se traslada directamente al ciudadano común —aumentos en precios, reducción de empleos, menos oportunidades— y el ciclo no se detiene.

¿Qué nos espera si no hay un cambio real?

La inflación podría alcanzar un 7% en 2026, con desempleo y pobreza al alza. El Estado, lejos de controlar el problema, alimenta la crisis con discursos y decisiones que espantan la inversión y frenan el crecimiento.

La crisis económica actual es consecuencia directa de un proyecto populista que no solo promete cambios imposibles, sino que arruina las bases de la prosperidad.

Un llamado a la responsabilidad y a escuchar al país

El camino no pasa por bloquear el debate ni por promover la abstención. La estabilidad, la seguridad jurídica y una política económica sensata son urgentes para recuperar el desarrollo y mejorar la vida de todos.

La economía de Colombia está en juego. El populismo ha sembrado falsas esperanzas; solo queda la oportunidad de construir soluciones reales y responsables.

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