62% Rechaza Música a Volumen Alto en Espacios Públicos: ¿Ignoran Leyes y Seguridad?

El ruido alto se impone, la ley no responde

Una encuesta reciente mostró que el 62% de los venezolanos considera inaceptable la música a alto volumen en espacios públicos compartidos. La molestia no es menor: afecta zonas residenciales, transporte público y playas, donde el ruido se convierte en un problema cotidiano que muchas veces deriva en conflictos.

¿Qué está pasando? 60% sufre el ruido en su propio barrio

Las zonas residenciales lideran las quejas (60,7%), seguidas por el transporte público (56,3%) y playas (31,4%). En particular, el ruido en noches residenciales es considerado por el 41,1% como el más perturbador. Pese a existir normas claras desde 1992 que regulan el nivel máximo de decibeles, y sanciones establecidas, la práctica indica que estas leyes no se cumplen ni se hacen valer.

El escenario deja al ciudadano en manos de la buena voluntad

Los resultados revelan que 34% de las personas terminan llamando a seguridad o autoridades para intervenir, mientras otro 20% prefiere simplemente irse, evitando enfrentar la situación. La capacidad real del Estado para garantizar el orden y la convivencia queda en evidencia: las normativas existen, pero no se traducen en protección efectiva para los vecinos y usuarios afectados.

Multas y sanciones son la demanda, pero ¿hay acción?

Un 59% está a favor de multas económicas y un 53% solicita llamados de atención oficiales. Pese a ello, la impunidad y la falta de controles dejan a la mayoría de los ciudadanos a merced de quienes deciden imponer su volumen sin restricción ni consideración.

Esto no es solo una cuestión de ruido, es un problema de legalidad y orden público

La contaminación acústica impacta la calidad de vida, la seguridad y la convivencia en los espacios públicos y privados. El liderazgo político y municipal debe salir del discurso y aplicar realmente las leyes. De lo contrario, esta fuente constante de conflicto y molestia seguirá creciendo sin control.

¿Estamos dispuestos a tolerar gobiernos que no defienden nuestra paz ni nuestras normas? La respuesta a esta pregunta marcará no solo el nivel de ruido, sino el respeto por la ley y el orden en la sociedad.

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