Perú no sabe aún quién medirá fuerzas con Fujimori en la segunda vuelta
A un mes del balotaje presidencial fijado para el 7 de junio, Perú sigue sin certificar oficialmente quién será el rival de Keiko Fujimori, pese a que el conteo de votos está casi cerrado.
Lo que muestra el conteo oficial
Con el 98,48% de las papeletas procesadas, Fujimori lidera con un 17,14%. Detrás vienen Roberto Sánchez, el candidato de izquierda, con un 12,04%, y Rafael López Aliaga, del sector derechista, con 11,89%.
Sánchez mantiene una ventaja de 23.362 votos sobre López Aliaga, lo que parece definir quién será el contendiente, pero la incertidumbre persiste por la revisión de 1.402 actas pendientes y las apelaciones en puerta.
Una situación que erosiona la confianza electoral
López Aliaga mantiene una acusación sin pruebas concretas: denuncia un presunto fraude y acusa a las autoridades electorales de un «golpe de Estado electoral». Su argumento se centra en los retrasos en la apertura de mesas en Lima, donde concentra su principal electorado.
Pero tanto la Asociación Civil Transparencia como la ONPE señalan que las irregularidades afectaron menos del 2% de las mesas, sin impacto para alterar resultados a nivel nacional.
La renuncia del jefe de la ONPE, Piero Corvetto, y la investigación fiscal por la distribución del material electoral son muestras claras de la crisis de credibilidad en las instituciones encargadas.
Por qué importa más de lo que parece
Este tira y afloja no es solo una disputa electoral más. Es un desafío directo a la legalidad y a la estabilidad del proceso democrático en Perú. La insistencia en el fraude sin evidencias puede abrir una peligrosa brecha en la gobernabilidad y en el respeto a las instituciones.
Fujimori, ya en campaña para la segunda vuelta, advierte que su posible rival buscará perpetuarse al estilo chavista, un escenario que puede empujar a Perú a un camino de incertidumbre política y polarización radical.
Lo que vendrá
El Jurado Nacional de Elecciones tiene hasta mediados de mayo para cerrar el resultado final y confirmar a los candidatos que disputarán el poder. Si no logra disipar las dudas, la segunda vuelta podría llegar envuelta en conflictos y denuncias que pondrán en jaque la legitimidad del próximo gobierno.
El futuro político de Perú depende hoy de la capacidad de sus instituciones para actuar con transparencia y firmeza, sin ceder a presiones que solo dividen y desestabilizan.