¿Crecimiento real o espejismo económico?
Calixto Ortega, vicepresidente sectorial de Economía y Finanzas, presume 20 trimestres consecutivos de crecimiento y una recuperación del aparato productivo venezolano. Afirma que el diálogo político unificado ha garantizado la “reivindicación del ingreso” de los trabajadores. Sobre el papel, la economía muestra un repunte y el consumo de hogares aumenta desde 2024, con una actividad creciente que ronda entre 2 y 3% para el primer trimestre de 2026.
¿Qué ocultan estos datos?
La recuperación petrolera es otro punto que el Gobierno enfatiza: tras la crisis del sector, ahora la producción alcanza 1.2 millones de barriles diarios, creciendo cerca del 20%. Esto se atribuye tanto a esfuerzos propios como a nuevos acuerdos internacionales. Además, Ortega destaca un cambio estructural: Venezuela estaría dejando de importar la mayoría de sus productos al aumentar la producción interna de alimentos básicos como pollo y carne.
Pero aquí está el verdadero problema
¿Este supuesto progreso es suficiente para revertir años de colapso económico y dependencia? La realidad es más dura. La economía aún opera a un tercio de su capacidad potencial y esas cifras oficiales no reflejan el impacto real en la mayoría de las familias. El “diálogo permanente” y las políticas de ingreso no han logrado aún reestablecer un nivel de vida digno ni confianza institucional.
¿Qué viene después?
Si la economía apenas despega y el aparato productivo sigue subutilizado, Venezuela se enfrenta a un largo camino para consolidar cualquier recuperación. La apuesta por la producción interna y la soberanía alimentaria es necesaria, pero sin reformas profundas en seguridad jurídica y políticas claras, el crecimiento puede quedar en mera estadística. La verdadera prueba será si el ingreso mejora y si este escaso crecimiento se traduce en estabilidad y bienestar real.