La barrera de las dos horas en maratón ya no existe, pero la pregunta es qué pagamos por ello
El domingo pasado, en Londres, el keniano Sabastian Sawe cruzó la meta en 1h59m30s. Una marca histórica que pulveriza el límite psicológico y físico de dos horas.
Pero esta hazaña no fue solo del atleta. Sawe calzó unas zapatillas Adidas de solo 97 gramos, con una entresuela de 39 mm y una placa de carbono que funciona como un resorte. Esto reduce la fatiga y mejora la eficiencia en un 4%, un salto tecnológico que cambia el juego.
La tecnología que redefine el atletismo
Desde que estas zapatillas aparecieron en 2016, múltiples récords han caído. La Federación Internacional de Atletismo tuvo que intervenir para limitar el espesor de la suela a 40 mm y prohibir más de una placa interna.
Pero, frente a la presión económica y comercial, la regulación es débil. La tecnología se impone. ¿Estamos viendo el fin del atletismo puro, desplazado por el avance tecnológico y la ingeniería comercial?
La nutrición extrema y los riesgos ocultos
Además, Sawe tomó 115 gramos de carbohidratos por hora, casi el doble que lo habitual. Es una nutrición llevada al límite, que despierta sospechas.
En un país con más de 140 sanciones por dopaje desde 2017, récords que caen por segundos exactos y atletas emergentes de la nada, la transparencia es más que necesaria. Sawe se somete a controles rigurosos, pero el contexto invita a dudar.
¿Qué viene ahora?
El deporte enfrenta tres caminos: aceptación plena de la tecnología y nutrición extrema, redefiniendo sus límites; endurecimiento de controles que pueden cambiar la competencia radicalmente; o una caída en la credibilidad y el interés del público.
¿Estamos presenciando una revolución legítima o el inicio del declive de un deporte históricamente ligado al sacrificio y la capacidad humana sin atajos?