100 días de un programa que no es lo que promete
El Programa para la Convivencia Democrática y la Paz, lanzado el 23 de enero de 2026, acaba de cumplir 100 días sin responder a los estándares internacionales de justicia transicional. Presentado como una herramienta para promover el diálogo, reducir la confrontación y fomentar la reconciliación, hoy queda claro que esto es solo una fachada política sin resultados concretos.
Qué pasó realmente
El centro Laboratorio de Paz evaluó el programa desde la perspectiva de derechos humanos y concluyó que no es un mecanismo de justicia transicional. No hay independencia, no hay mandato claro ni acceso real a la información, ni las víctimas son el centro del proceso. Es, en sus palabras, “un espacio político para gestionar el conflicto mediante el diálogo” y nada más.
Por qué esto cambia el escenario
Este programa carece de estructura formal: sin decreto oficial, sin transparencia ni sitio web, su funcionamiento es un misterio público. Además, está dominado por sectores alineados con el oficialismo, lo que le quita legitimidad social y autonomía. No produce informes, no impulsa rendición de cuentas ni políticas integrales para las víctimas, y no plantea reformas para evitar la repetición de violencia. Todo esto mientras se presenta como la solución para la paz.
Qué viene ahora
El informe de Laboratorio de Paz advierte que por sí solo este programa no resolverá las causas profundas del conflicto ni garantizará derechos a las víctimas. La reconciliación real requiere verdad, justicia y reparación, no solo diálogos político-formales sin contenido ni compromiso institucional. Si no se corrige el rumbo, la paz será solo una ilusión con costos invisibles para el país.