Un anuncio que sacude El Helicoide
Cuando Delcy Rodríguez anunció el fin del Helicoide como prisión, la reacción fue inmediata: gritos de «libertad, libertad» resonaron afuera de esa estructura que ha sido símbolo de miedo y tortura. Una hermana de preso lo expresó sin rodeos: «El miedo se acabó el tres. Yo tenía miedo, pero desde el tres todos dejamos de tener miedo. Ahora, menos que nunca vamos a callar». Y esa promesa de no silencio pesa.
El antes y después del 3 de enero
El 3 de enero marcó un punto de inflexión, la captura y extracción de Nicolás Maduro y Cilia Flores. Un mes después, las excarcelaciones siguen siendo limitadas y bajo el control de quienes siguen responsables del sufrimiento en Venezuela. Pero algo se mueve. La oposición y los sectores ciudadanos presionan para que la caída del régimen se acelere y arranque el camino hacia la democratización. En este escenario, el chavomadurismo juega a fingir reformas mientras compra tiempo.
¿Qué es El Helicoide ahora?
Del centro de tortura a «espacio social», así lo planteó Rodríguez: transformar El Helicoide en un lugar para actividades culturales, deportivas y comerciales dirigidas a la comunidad policial y vecinal. Pero la estrategia preocupa: excarcelar a presos sin reconocerlos como prisioneros políticos y maquillar con actividades sociales lo que fue un infierno para tantos. ¿Una rehabilitación sincera o sólo un barniz para tapar heridas?
La herida que no termina de cerrar
Que El Helicoide deje de ser un símbolo de tormento sería positivo. Pero borrar su historia sin reconocer el dolor y la represión sistemática que allí se ejerció es un riesgo grave. La referencia está clara: ¿podría Venezuela seguir un camino como el de Argentina con la ESMA? Ese centro de tortura, hoy Espacio para la Memoria y la defensa de los derechos humanos, es un ejemplo de cómo enfrentar el pasado para no repetirlo.
¿Simulación o cambio verdadero?
La cúpula gobernante y sus intentos por maquillar la realidad están en juego. No es cuestión de retoques ni concesiones mínimas para salir del atolladero actual. La verdadera reconciliación requiere verdad, escucha y justicia para las víctimas. Solo así podrá Venezuela reparar, reconstruir y sembrar un futuro diferente.
El debate está abierto: ¿será El Helicoide un puerto de memoria y aprendizaje o volverá a ser un símbolo más de la impunidad y el olvido?