El ELN consolida control urbano y paraliza seguridad en Cúcuta
La capital de Norte de Santander enfrenta un desafío crítico. El Ejército de Liberación Nacional (ELN) ha tomado puntos estratégicos, imponiendo un régimen de terror que limita incluso las acciones de la fuerza pública.
A partir de las 6 p.m., sectores clave de Cúcuta quedan bajo control guerrillero: la policía evita patrullar por miedo a emboscadas con explosivos. El ELN controla carreteras, vecindarios y zonas comerciales como Jardín Plaza y Colinas del Tunal, prohibiendo el ingreso estatal.
Esta maniobra no es un simple acto de violencia: bajo la fachada de la noche, el ELN establece una estructura criminal que cobra impuestos ilegales a empresarios y controla las rutas del narcotráfico en la frontera.
El conflicto estalló en enero de 2025 entre el ELN y las disidencias de las FARC por el dominio de rentas ilícitas en el Catatumbo. Esta rivalidad se traslada ahora a la ciudad, con asesinatos y control territorial directo en los barrios.
¿Por qué esto cambia el escenario?
- El ELN despliega inteligencia urbana para cazar a sus rivales en terreno civil.
- Los ataques recientes, como la masacre de tres personas, demuestran que la ciudad es zona de guerra.
- Autoridades locales minimizan el problema; el alcalde admite sin alarma la presencia guerrillera como una constante histórica, justificando la falta de reacción contundente.
- En solo 16 meses, Norte de Santander reporta 192 asesinatos y 101.000 desplazados, cifras que evidencian un colapso institucional.
- El ELN recruta menores forzadamente, profundizando la crisis social y de seguridad.
¿Qué puede venir después?
Si el Estado no recupera el control inmediato, Cúcuta puede caer en un vacío total de autoridad, transformándose en un santuario guerrillero con graves consecuencias para la seguridad nacional y la economía regional. La falta de acción revela la debilidad institucional frente a esta peligrosa escalada que no solo refleja un problema local, sino un desafío latente para todo el país.