Colegio de Ingenieros desafía el silencio: su plan para reactivar Venezuela sin favores ni corrupción
¿Por qué nadie habla de esto?
El Colegio de Ingenieros de Venezuela acaba de presentar un plan que pone sobre la mesa lo que muchos ignoran: sin transparencia ni profesionales calificados, la reconstrucción seguirá siendo una ilusión costosa y plagada de improvisación.
Qué acaba de pasar
El «Plan Maestro Estratégico 2026», respaldado por ocho sociedades especializadas, propone un control estricto sobre inversiones en petróleo, electricidad, agroindustria y agua potable. El objetivo: que ninguna obra se haga sin certificación profesional y mecanismos claros que frenen la corrupción y aseguren seguridad jurídica.
Por qué esto cambia el tablero
Mientras los grupos políticos impulsan discursos simplistas sobre inversión y crecimiento, el CIV alerta que sin reglas claras, todas las promesas terminarán igual: en obras paralizadas y dinero en manos equivocadas. La propuesta no solo llega a la presidencia y Asamblea Nacional, sino que también busca incidir directamente en Pdvsa, Corpoelec y empresas estatales, clave para evitar que la reconstrucción quede a merced de negociados.
Lo que viene
- Normativas para regular contratos en petróleo y gas, basadas en tecnología y control profesional.
- Rehabilitación total de la red eléctrica con control eficiente y participación público-privada, sin espacios para la improvisación.
- Supervisión rigurosa en agua potable, vialidad, vivienda y agroindustria para garantizar calidad y evitar malversación.
- Certificación obligatoria de talento humano, con controles claros sobre la capacitad y actualización profesional, para blindar la inversión frente a la incompetencia.
Este plan no es un simple papel. Es una advertencia contra las reformas hechas a medias, sin estructura ni vigilancia técnica. El riesgo es seguir permitiendo que el dinero público y privado se diluya en burocracia y corrupción disfrazada de “progreso”. Venezuela podría estar ante una oportunidad real, siempre y cuando se deje de lado la complacencia y se imponga la exigencia profesional y la transparencia real.
¿Estamos dispuestos a exigir que este plan se tome en serio o seguiremos permitiendo que los mismos errores destruyan cualquier intento de recuperación?