Saab y Cazal reactivan la Gran Misión Viva Venezuela: ¿Cultura o control político?

Saab y Cazal afinan planes para impulsar la Gran Misión Viva Venezuela

El 22 de abril, el ministro Raúl Cazal y el jefe de la Gran Misión Viva Venezuela, Tarek William Saab, se reunieron para consolidar la estrategia que sostiene este programa cultural nacional.

Pero no es un simple impulso cultural. Esta Gran Misión, creada en febrero de 2024 y adscrita directamente a la Presidencia, se mueve estratégicamente en ocho vértices que van desde el registro de cultores hasta la proyección internacional, pasando por la economía cultural y la infraestructura, con el claro objetivo de enaltecer una identidad nacional en un contexto de profunda crisis social y económica.

¿Qué hay detrás de esta “recuperación cultural”?

El registro de artistas y cultores se realiza a través de la Plataforma Patria, un sistema ya cuestionado por la centralización y control sobre diversos sectores sociales. Esta medida, aunque presentada como organización popular, puede limitar la pluralidad cultural bajo una agenda política única.

Los vértices que encabezan esta Gran Misión incluyen:

  • Registro y organización popular de cultores.
  • Impulso productivo en la economía cultural.
  • Formación y enseñanza cultural oficial.
  • Recuperación de espacios e infraestructura cultural.
  • Proyección internacional alineada a la narrativa estatal.
  • Sistemas de seguridad social para cultores bajo control institucional.
  • Preservación del patrimonio cultural desde una mirada oficial.
  • Difusión permanente de este mismo discurso cultural.

El cambio en el escenario nacional

Lo que parece un simple esfuerzo cultural es, en realidad, una estrategia sofisticada para controlar los relatos culturales y sociales. Esto va más allá del arte y la identidad: implica centralizar el manejo de una parte clave para la cohesión social y la legitimidad del poder.

¿Qué podría seguir?

Si la Gran Misión avanza sin contrapesos, podemos esperar una mayor homogenización en la expresión cultural. Esto impactará la libertad artística real y reforzará la dependencia a estructuras estatales para quienes deseen participar del sector cultural. Además, la utilización de plataformas digitales para registrar y organizar podría abrir puertas a futuras regulaciones restrictivas.

Más que rescatar tradiciones, esta Gran Misión podría consolidar un modelo de control social disfrazado de promoción cultural.

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