Remesas ya valen 27% del petróleo, pero la inflación las destruye
Remesas: el otro ingreso clave que pierde contra la inflación
Millones de venezolanos siguen viviendo gracias al dinero que reciben desde afuera. Hoy, las remesas equivalen al 27% de lo que ingresa por la peor crisis petrolera de la historia, pero su poder de compra se desmorona ante el aumento vertiginoso de precios.
Mary Grecia ejemplifica esta tragedia: su esposo recibe hace 20 años remesas desde Suiza, pero lo que antes servía para arreglar la casa o planificar algo más que comida ahora apenas cubre una mínima parte de la cesta básica. «Con 75 dólares antes hacíamos un mercado completo y hasta algún gusto. Ahora solo alcanza para una cuarta parte», dice.
La razón detrás: la inflación devora el dinero que entra
El economista Hermes Pérez es claro: cuando los precios suben a este ritmo, el dólar también se encarece en términos oficiales y paralelos, pulverizando el valor real de las remesas. En diciembre 2024 comprabas dólar a 52 bolívares; hoy, en subasta, cuesta 560. Eso explica por qué envíos en dólares pierden fuerza para cubrir necesidades básicas.
Este fenómeno ilustra un viraje estructural. Venezuela pasó de ser país emisor a receptor masivo de remesas en solo tres años, de 11 millones en 2015 a 3.600 millones en 2022, pese a crisis global y pandemia.
Diáspora: un capital humano desaprovechado
Lo que diferencia a Venezuela de otros países con remesas es la calidad de su migración. El 70% de los venezolanos afuera están capacitados, con educación universitaria. Eso es una ventaja estratégica que, con políticas adecuadas, podría transformar dinero de subsistencia en inversión productiva.
Pero la realidad es distinta. Muchos migrantes terminan en empleos informales y mal pagados. «Un profesional venezolano en Colombia o Perú suele ocultar títulos para sobrevivir», explica Tomás Páez, del Observatorio de la Diáspora. Sin embargo, ese ingreso informal, aunque modesto, sigue siendo mucho más que el salario mínimo venezolano.
El castigo silencioso del migrante
William Martínez vive en Chile y su situación resume el drama: con sueldos mínimos y alquileres altos, debe elegir entre sus gastos allá o mandar remesas. Las presiones familiares son constantes y la economía no permite mantener envíos estables. «Mandar 40 dólares es un milagro», confiesa.
Además, las dificultades migratorias y laborales complican aún más la situación y empujan a usar canales informales para enviar dinero, arriesgando pérdidas.
¿Qué viene para Venezuela?
Esta dependencia estructural de las remesas, si bien vital, es una señal de alarma para la economía nacional. La inflación no solo devora ingresos del país, sino también la ayuda externa que mantiene a millones a flote.
Sin cambios en políticas económicas y sin abrir canales para captar la inversión de la diáspora, Venezuela seguirá atrapada en un círculo vicioso. La autonomía económica es la meta, pero hoy la crisis y la inflación dejan a la mayoría con las manos atadas y a la espera de migajas que se escapan con cada subida de precios.