El desastre silencioso que está arruinando la base del país
La educación en Venezuela vive un colapso profundo que pocos quieren reconocer. En los próximos 10 o 15 años, cualquiera sea el modelo político que impere —autoritarismo rígido, autoritarismo “blando” o incluso una transición democrática— el principal problema será el talento disponible. No habrá recurso humano capaz de impulsar un verdadero cambio.
¿Qué sucedió?
Durante casi 13 años bajo Nicolás Maduro, el sistema educativo fue arrasado sin pausa. La desnutrición de niños y adolescentes, la huida masiva de maestros, la infraestructura escolar en ruinas, y la deserción estudiantil debido a la necesidad de que los jóvenes aportaran recursos en sus familias forman un círculo vicioso que destruye cualquier posibilidad de recuperación. Sumado a esto, la pandemia aceleró la ruptura de un hábito fundamental: la cultura escolar.
Esto cambia todo el escenario político y social
No solo se trata de una crisis en las aulas. Esta destrucción educativa debilita la capacidad del país para recuperarse económicamente y mantener la estabilidad social. La falta de formación de calidad se traduce en escasez de profesionales, técnicos y líderes. En definitiva, Venezuela está hipotecando su futuro político porque los que vendrán tendrán que gobernar con una fuerza laboral y ciudadanía desentrenada y debilitada.
¿Qué sigue?
Si no se aborda de inmediato esta realidad, la próxima generación no solo será la menos preparada, sino que también limitará cualquier posibilidad de cambio estructural. Es hora de entender que la crisis educativa no es solo un problema social o humanitario, es la llave maestra que definirá el rumbo del país en las próximas décadas.