Una advertencia clara en un momento decisivo
Venezuela enfrenta lo que sus principales líderes eclesiásticos describen como “una hora crítica”. El país está en una encrucijada marcada por incertidumbre institucional y un riesgo creciente de arbitrariedad que agrava el sufrimiento social.
Este sábado, cardenales y obispos lanzaron un llamado urgente para rescatar la estabilidad democrática y respetar la soberanía popular, sin titubeos ni negociaciones de por medio.
¿Qué está pasando realmente?
El poder transita en una tregua inestable. La autoridad, ligada hasta hace poco a la vicepresidenta ejecutiva, hoy ejerce funciones presidenciales bajo una influencia que resulta particularmente cuestionada. Esto alarga una fase de transición llena de sombras, donde recuperar el Estado de derecho parece cada vez más esquivo.
En este contexto, la Iglesia insiste en que el camino hacia la reconstrucción no puede venir de afuera. Solo un esfuerzo conjunto, coherente con valores republicanos y la arraigada identidad cristiana del pueblo venezolano, podrá devolver la esperanza.
Tres demandas que exigen respuestas inmediatas
1. Libertad sin condiciones para presos políticos
La liberación debe ser total y definitiva. No basta con abrir las puertas: se debe erradicar cualquier restricción o medida que prolongue la persecución. Este reclamo apunta a respetar la Constitución y los derechos humanos universales.
2. Romper el monopolio informativo del Estado
“Vivir es comunicarse y comunicarse es vivir”. El control estatal sobre los medios y la censura no solo limitan el acceso a la información, sino que afectan el corazón mismo de la democracia y el derecho a la vida.
3. Respeto absoluto a la voluntad popular del 28 de julio de 2024
La voz del pueblo no puede ser ignorada. El llamado a aceptar y cumplir el mandato ciudadano es urgente, para evitar más confusión y permitir la tan esperada transición pacífica.
El rol de la Iglesia en un país dividido
Lejos de ser un actor pasivo, la Iglesia se compromete a jugar un papel activo en la reconciliación nacional y en promover un desarrollo espiritual y humanista. Quiere ser un puente de comunión en medio de las dificultades que atraviesa Venezuela.
Lo que viene
Las demandas planteadas no solo son un reflejo de un país en tensión, sino un reto para quienes tengan la responsabilidad de conducirlo hacia un futuro más estable. El tiempo corre y la espera podría agravar aún más la fractura social y política.