Venezuela 2026: ¿Conivencia oficial en tortura y error estratégico?
¿Por qué seguimos jugando con fuego en Venezuela?
El 3 de enero de 2026 marcó un antes y un después, pero la reacción oficial seguía anclada en viejas estrategias que no entienden el país real: más del 90% de los venezolanos quiere democracia, civiles y militares incluidos.
En lugar de desmontar el régimen chavista, las autoridades optaron por mantener su estructura, argumentando miedo a una guerra al estilo Irak y la inexistencia de un plan para el «día siguiente».
Sin embargo, ese «plan» existe, compuesto por venezolanos comprometidos dentro y fuera del país, y cuenta con respaldo político, académico y diplomático. La líder María Corina Machado, clave en el triunfo electoral de 2024, fue ignorada hasta por representantes que actúan como si no supieran quién es.
¿Qué implica este error?
- Mantener al aparato chavista intacto es legitimar un régimen enemigo declarado de la democracia y de EE.UU.
- Intentar estabilizar este régimen con inversiones internacionales es contradictorio y peligroso.
- La acumulación y traslado de millones en «oro de sangre» a territorio estadounidense plantea riesgos legales de complicidad en tortura, según el Estatuto norteamericano.
La responsabilidad penal arrecia sobre quienes conocen y no actúan ante torturas y violaciones sistemáticas. Ignorar las señales de un levantamiento social por hambre y represión es jugar con la paciencia de un pueblo históricamente acostumbrado a la lucha por la libertad.
¿Qué nos espera si no cambiamos de rumbo?
La perpetuación del statu quo venezolano no solo afecta a la región. Podría involucrar a Estados Unidos en responsabilidades legales internacionales, atacar su credibilidad y deteriorar la confianza en sus instituciones.
Es hora de abandonar políticas anacrónicas y aceptar que la única vía para la paz y la estabilidad pasa por elecciones libres y el desmontaje sin concesiones del aparato chavista. Nada menos tiene sentido.