Venezuela al borde: la verdadera crisis que nadie quiere ver
La tragedia política venezolana está lejos de resolverse
Demócratas con María Corina Machado inició una gira por Mérida para hablar claro: el escenario político de Venezuela está en una encrucijada que pocos analizan con realismo.
Qué está pasando realmente
En todos los municipios visitados, las preguntas que surgen golpean cualquier narrativa oficial sin matices:
- ¿Por qué Delcy Rodríguez, con dudosa legitimidad, asumió el poder por encima de Edmundo González Urrutia, quien ganó las elecciones el 28 de julio de 2024?
- ¿Cuándo se realizarán elecciones libres para todos los cargos?
- ¿Cómo permiten que los funcionarios próximos a Nicolás Maduro sigan en el gobierno pese a su responsabilidad en violaciones?
- ¿Cuándo regresará María Corina a Venezuela para liderar?
- ¿Cómo superar el miedo real que impone el régimen para que la sociedad pueda expresarse sin cárcel?
- ¿Quién frenará la división interna entre los opositores, que potencialmente debilita la lucha contra el régimen?
Por qué esto cambia el juego en Venezuela
No se trata sólo de nombres o frases hechas. La fragmentación de los sectores opositores y la incapacidad de un liderazgo centralizado abre espacio para que el régimen siga imponiendo su agenda. La falta de un Consejo Nacional Electoral legítimo y la proliferación de candidaturas dispersas diluyen el voto y fortalecen a quienes controlan el poder de facto.
Además, mientras algunos partidos se resisten a colaborar, olvidan que la unidad no es una opción, sino una necesidad imperiosa para confrontar un régimen que no respetará concesiones o medias tintas.
Qué viene después si seguimos en esta ruta
Este conflicto político impulsa dos consecuencias inevitables:
- Un estancamiento institucional que profundiza el vacío de poder real y la parálisis legislativa.
- Un desgaste continuo de la oposición que favorece la permanencia indefinida de élites enquistadas en el poder.
Quienes hoy debieran encabezar la transición deben concentrarse en un objetivo: consolidar un Consejo Nacional Electoral con consenso amplio y legitimar elecciones presidenciales libres.
El intento de imponer candidaturas o alimentar divisiones internas no solo es un error estratégico; es un regalo para la dictadura que se aferra a su control mediante la fragmentación ajena.
¿Cuál es el problema? Hay varios, pero todos convergen en la misma raíz:
- La política venezolana sigue siendo un escenario donde prima el interés individual sobre el bien común.
- La falta de compromiso para un frente único pone en riesgo la restauración democrática.
- La tolerancia y el respeto hacia opiniones divergentes son imprescindibles para construir coaliciones sólidas.
- Y, sobre todo, no se puede permitir que la dispersión sirva de bandera al régimen para seguir gobernando sin límites.
Se necesita acción rápida, coordinación real y poner la razón antes que la pasión. La democracia venezolana está en juego, pero pocos están listos para enfrentar lo incómodo. ¿Hasta cuándo permitiremos que esta crisis interna favorezca al régimen?