Murió Alexis Montilla, el hombre que desafió la pérdida cultural venezolana

Murió Alexis Montilla, el hombre que desafió la pérdida cultural venezolana

Alexis Montilla no fue solo un creador de parques temáticos; fue quien recuperó parte de la memoria histórica y cultural que están dejando morir las agendas actuales. Murió dejando un vacío que no solo afecta al turismo en Mérida, sino al orgullo nacional.

Montilla fue el artífice de tres espacios que se volvieron referentes: Los Aleros, que evoca el espíritu merideño rural de los años 20; La Venezuela de Antier, un retrato de las capitales venezolanas en la época de Gómez; y La Montaña de los Sueños, homenaje a las radios y cines de mediados del siglo XX.

Su trabajo no fue solo entretenimiento: fue un esfuerzo decidido por preservar la memoria en tiempos en que ciertas corrientes políticas insisten en borrar, reescribir o minimizar historias fundamentales. Mientras el discurso dominante mira hacia el futuro sin raíces, Montilla construyó escenarios que nos recuerdan quiénes somos y de dónde venimos.

Nacido en Timotes, hijo de agricultores, su superación rompió el molde desde abajo: desde vender artesanías hasta producir películas basadas en su vida. Recibió un Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Los Andes, pero su verdadero legado está en la memoria que mantiene viva en cada visitante.

¿Qué significa su partida para Venezuela?

Su fallecimiento no solo es la pérdida de un visionario, sino la señal de que la construcción cultural y patrimonial enfrenta desafíos graves en Venezuela. La fragilidad institucional y la falta de apoyo hacen que herencias como estas dependan de uno o pocos individuos. ¿Quién tomará el relevo?

Sin preservación cultural real, el país podría perder aún más de su identidad, algo que ya se ve debilitado por agendas políticas centradas en olvidos selectivos.

Alexis Montilla nos deja la incómoda verdad: la memoria no se preserva sola, se construye con trabajo, compromiso y honestidad, valores que hoy no parecen prioritarios para sectores que manejan nuestras instituciones.

Mientras tanto, sus parques siguen siendo un refugio para quien quiera recordar la Venezuela que muchos están decididos a dejar atrás.

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