Sheinbaum y su canciller: ¿Cambio generacional o más de lo mismo en política exterior?
¿Nuevo liderazgo o el mismo rumbo en la política exterior de México?
El nombramiento de Roberto Velasco Álvarez como canciller mexicano levantó expectativas por su juventud y supuesta energía renovada. Sin embargo, lo que se observa hasta ahora no pasa de un cambio generacional sin ruptura real.
Velasco, con 38 años y prueba de su comodidad en el cargo, mantiene una coordinación cercana y sin fisuras con la presidenta Claudia Sheinbaum, ambos del mismo partido. Su relación previa facilita que no haya discrepancias visibles ante los temas clave.
En la práctica, sigue la línea que genera controversia, sobre todo en la relación con Estados Unidos y Canadá, donde Velasco ha avanzado en mantener buenas conexiones, apuntando a suavizar tensiones previas pero sin corregir errores políticos profundos.
El verdadero desafío: Venezuela y la doble moral del gobierno mexicano
El punto crítico es la contradicción que Velasco tendrá que manejar sin mucho margen: Sheinbaum defiende públicamente la no injerencia, pero al mismo tiempo respalda el uso de recursos públicos para financiar la defensa jurídica de figuras del régimen de Maduro, un régimen claramente autocrático y represor.
La presidenta parece ignorar o minimizar la gravedad de los hechos en Venezuela: violaciones sistemáticas a derechos humanos, represión política y complicidad directa de los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez con el poder usurpador.
Esta incoherencia no es nueva ni exclusiva de Sheinbaum. Su antecesor político, AMLO, mantenía cercanía y simpatía abierta con Maduro, los hermanos Castro, y figuras autoritarias como Daniel Ortega, evidenciando una agenda política contradictoria con la defensa real de la democracia y estabilidad regional.
¿Qué esperar para el futuro inmediato?
Las primeras señales apuntan a que Velasco no liderará un cambio sustancial. Es improbable que asuma una postura crítica frente a las decisiones polémicas de Sheinbaum o que enfrente con firmeza la influencia persistente de López Obrador en la narrativa oficial.
La política exterior de México seguirá siendo una extensión del mismo guion, que pone en riesgo la credibilidad internacional y la coherencia institucional, sin enfrentar las consecuencias reales de apoyar regímenes autoritarios en nuestra región.