Delcy Rodríguez: ¿Realmente puede rescatar Venezuela tras la crisis institucional?
El poder en pausa y la oportunidad que nadie menciona
Desde que Nicolás Maduro fue declarado presidente ilegítimo tras el fraude del 28 de julio de 2024, Venezuela vive una crisis institucional sin precedentes. Con Maduro raptado y preso en EE.UU. por narcotráfico desde enero de 2026, la responsabilidad recae en la vicepresidenta Delcy Rodríguez, designada presidenta encargada por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ).
¿Cumple Delcy Rodríguez el rol que el país exige?
La vicepresidenta ha tenido en sus manos un poder ilimitado para restaurar las instituciones y garantizar derechos fundamentales. Pero su gestión ha sido tibia frente a las estructuras corruptas que todavía sostienen el régimen anterior, incluyendo un ejército ideologizado y una burocracia clientelar.
La demora en convocar elecciones libres alimenta suspicacias: ¿se está usando el tiempo para acomodar restos del chavismo decadente, liderado por Diosdado Cabello? Es urgente destituir a Ilvis Amoroso, rector designado por Maduro y cómplice del fraude electoral contra el opositor Edmundo González Urrutia, cuyo robo masivo de votos es un delito grave que el país no puede ignorar.
Un Poder Electoral independiente es la base para cualquier cambio
Sin un Consejo Nacional Electoral (CNE) autónomo e imparcial, los procesos electorales seguirán siendo un circo controlado por grupos ideológicos. La vicepresidenta debe avanzar con urgencia en la conformación de un CNE con cinco miembros nombrados por la Asamblea Nacional, sin vínculos políticos directos y con votos calificados. Este es el único camino para que Venezuela recupere la soberanía popular y la fe en sus instituciones.
La herencia de Maduro y el futuro incierto
Maduro no solo hundió al país en la pobreza, la inseguridad y el caos económico —con el bolívar sin valor y servicios públicos colapsados— sino que utilizó recursos del Estado para mantener un poder paralelo, amplificando la propaganda en radio, TV y calles mientras reprimía a disidentes. Su expulsión y prisión en EE.UU. dejan un vacío que ningún interinato puede postergar sin solución clara.
El gobierno provisorio liderado por Delcy muestra apertura internacional, terminando con ventas de petróleo a China y Rusia y recuperando cierta relación con EE.UU., pero carece de acciones contundentes para recuperar legitimidad y estabilidad interna.
¿Qué sigue para Venezuela?
Sin una transición definida y sin una Asamblea que otorgue un marco legal claro para llenar el vacío de poder, la inestabilidad persistirá. La vicepresidenta Rodríguez tiene la autonomía y el deber de acelerar reformas que aseguren un poder electoral independiente y convoquen elecciones libres. El país no puede permitirse más dilaciones ni medias tintas.
¿Está Delcy Rodríguez dispuesta a romper con viejas estructuras o seguirá encubriendo intereses que alejan a Venezuela del renacer institucional que necesita?