Lo que no te cuentan sobre la Fundación Cinemateca Nacional de Venezuela

La historia oficial oculta un detalle crucial

El cine venezolano no nació de la casualidad ni del simple entretenimiento. Desde 1897, con los hermanos Trujillo Durán en Maracaibo, hasta la creación en 1966 de la Cinemateca Nacional de Venezuela, existe una lucha constante por preservar nuestra memoria audiovisual contra la vulnerabilidad del tiempo y la falta de apoyo institucional.

¿Por qué importa más de lo que parece?

La Cinemateca Nacional no es solo una sala de proyecciones. Es un acto de resistencia frente al olvido impuesto por políticas que dejan de lado la importancia de proteger nuestro patrimonio cultural. Fundada con la visión clara de Margot Benacerraf, la Cinemateca pretendía ser más que un espacio físico: un centro pedagógico, un archivo vivo y un vínculo con la cinematografía mundial.

Las consecuencias de ignorar esta realidad

  • La desaparición de archivos fílmicos irreemplazables pone en riesgo la identidad histórica nacional.
  • Se pierde la oportunidad de consolidar una industria audiovisual que podría impactar positivamente en la economía y la cultura.
  • La dependencia cultural hacia producciones externas aumenta mientras Venezuela se desliga de su legado audiovisual.

¿Qué puede venir si no se actúa?

Si la Cinemateca pierde su rol activo por falta de apoyo, la memoria colectiva se fragmentará. Nuevas generaciones podrían crecer sin acceso a las raíces del cine nacional, dejando un vacío peligroso para la construcción cultural y la soberanía audiovisual. La pregunta es clara: ¿Queremos que desaparezca la historia del cine venezolano o la defenderemos con decisión?

Este libro, Elogio del Ícono, no solo es un homenaje. Es una llamada urgente a valorar y proteger lo que queda de nuestro archivo audiovisual frente a la creciente ignorancia y abandono.

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