Los Vasallos de La Candelaria: la tradición que late en Mérida cada febrero

El ritual que une fe, color y cultura en Mérida

Cada año, al iniciar febrero, las calles de Mérida y sus alrededores se transforman en un escenario vibrante lleno de trajes multicolores, maracas y pasos marcados por una tradición arraigada que pocos conocen a fondo.

Los Vasallos de La Candelaria honran a la Virgen María bajo esta advocación con baile, música y devoción, recordando la presentación del Niño Jesús en el templo y mezclando riqueza cultural y espiritualidad en un mismo ritual que data del siglo XIX.

¿Qué hacen los Vasallos y por qué es tan importante?

Durante los tres primeros días de febrero, estos promeseros visten sus distintivos trajes y realizan procesiones desde diversas parroquias como Juan Rodríguez Suárez y Santiago Apóstol de La Punta, avanzando al ritmo de las maracas y con danzas que transforman el trabajo del campo en una plegaria viva.

Para ellos, ser vasallo no es solo tradición, es servir con gratitud por los milagros recibidos. El presidente de la asociación civil que los agrupa apunta a un objetivo aún más ambicioso: lograr que esta manifestación sea reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Trajes, bailes y símbolos que cuentan historia

  • Los trajes: sombreros de cogoyo, chaquetas y capas decoradas explotan en colores llamativos.
  • Los accesorios: maracas y palos que evocan las herramientas con las que se siembra y cosecha.
  • Las danzas: una serie de bailes como El Palito, La Contradanza y El Sebucán, que narran en movimiento ciclos de la vida y la fe.

Lo más curioso: aunque originalmente solo participaban hombres, hoy mujeres y niños también son parte fundamental de esta celebración.

Milagros que transforman vidas y generan compromiso

La historia de José Ramírez, vasallo desde hace más de cinco décadas, es uno ejemplo palpable. Enfermo desde su nacimiento, su recuperación se atribuye a un pedido a la Virgen, y hoy él y 25 miembros de su familia forman parte de la cofradía, tejiendo un lazo que une generaciones.

Mientras, otras voces relatan cómo una enfermedad superada o una protección sentida durante años alimentan la decisión de convertirse en promeseros y bailar con fe por las calles de la ciudad.

Una mirada femenina que guarda promesas y altares

Años de peregrinación y devoción no solo cargan de fe a los participantes, también construyen historias como las de Maidi Zerpa, que prometió caminar cada año tras la sanación de su hija, o Hortensia Zerpa, quien lleva más de dos años preparando un altar para el paso de la procesión.

En cada altar y en cada paso se siente el agradecimiento y la esperanza que mantienen viva esta tradición.

Un origen enigmático que fortalece la fe popular

Cuenta la tradición oral que la imagen de la Virgen fue hallada misteriosamente en un patio de Zumba, y que después de varios eventos, el propio párroco ordenó bendecir ese lugar y promover bailes en honor a la Virgen, dando origen a esta manifestación que hoy se desborda por las calles de Mérida.

Esta tradición no solo es un despliegue cultural, es una cadena viva de milagros, compromiso y agradecimiento. Un ritual que cada febrero vuelve a convocar a cientos para bailar, rezar y pagar promesas.

¿Qué sigue para los Vasallos de La Candelaria?

Con la mirada puesta en la UNESCO, los vasallos buscan ahora abrir puertas para que esta expresión única sea reconocida globalmente y continúe latente como un patrimonio tangible y lleno de vida.

Mientras tanto, las calles de Mérida están listas para vestirse de fiesta, fe y esperanza, una vez más.

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