La defensa inesperada del habla venezolana que sigue vigente 70 años después
¿Por qué juzgamos mal el habla popular venezolana?
Quizás nunca te habías detenido a pensar que omitir algunas letras al hablar, como esas finales que desaparecen en el idioma venezolano, no es señal de ignorancia. Al contrario, es parte de una evolución natural y rica de nuestra lengua. Pero, ¿cómo defender esa voz que muchos etiquetan de «mala» o incorrecta?
El ensayo que cambia la perspectiva sobre nuestras palabras
“Buenas y malas palabras”, un texto publicado hace 70 años por Ángel Rosenblat, un filólogo polaco que se convirtió en venezolano, sigue vigente porque desarma prejuicios y rescata la identidad que vive en nuestro hablar cotidiano.
Rosenblat defendió que las palabras del pueblo merecen respeto y que no existen realmente «malas palabras». Para él, cada expresión, sin importar su origen o contexto, tiene su valor histórico y humano. No es solo un título provocador; es una invitación a escuchar y validar la riqueza del lenguaje popular.
Un lenguaje vivo que refleja nuestra cultura
El autor también mostró cómo en otros idiomas, como el francés, se silencian letras finales sin que eso signifique una mala pronunciación, subrayando que las variaciones fonéticas son normales y enriquecedoras.
Además de este ensayo, Rosenblat profundizó en el valor cultural del lenguaje en obras que exploran la relación entre letras, historia y sociedad, siempre insistiendo en que preservar nuestro habla es preservar nuestra identidad.
Algunas raíces que esconden nuestras expresiones cotidianas
- “Mamadera de gallo”: Surgió en el siglo XIX con jugadores de peleas de gallos; describe a alguien que no se toma las cosas en serio.
- “Pelando”: En Venezuela significa estar sin dinero, una adaptación local de la idea de estar “limpio” o sin recursos.
- “El gafo”: Un término que en la Edad Media fue ofensivo para leprosos, pero que en Venezuela se usa para referirse a alguien “tonto”, a veces en tono cariñoso.
¿Qué nos deja este diálogo con nuestro lenguaje?
El ensayo nos invita a replantear cómo valoramos nuestro idioma y sus expresiones. Más allá de prejuicios, lo que hablamos refleja nuestra cultura, nuestra historia y nuestra identidad. Entender esto puede abrir la puerta a un mayor orgullo y respeto por la riqueza del habla venezolana, que sigue viva y vigente, palabra por palabra.