Venezuela: La farsa de la transición que oculta 500 presos políticos

500 presos políticos retenidos: ¿Qué está pasando realmente en Venezuela?

Todo comenzó el 3 de enero con la caída del capo mayor y la primera delincuente tras 27 años de dominio nefasto sobre un pueblo con raíces democráticas. Estados Unidos optó por mantener la estructura criminal en el poder, solo que sin sus cabezas visibles, para evitar el caos mientras prepara un desmantelamiento ordenado.

La transición prometida se volvió en un instante en una servidumbre inaceptable. El régimen interino, que hace poco denigraba al imperio, hoy actúa como su vasallo. El pueblo lo dice claro: Alí Babá cayó, pero quedaron los 40 ladrones, sin que nadie pague realmente por sus crímenes.

Lo más grave: tras más de tres meses, 500 presos políticos siguen en las mazmorras. La Asamblea espuria creó una Ley de Amnistía de fachada para retenerlos y proteger a quienes en realidad son los verdaderos criminales. Esta artimaña viola la promesa pública de liberación inmediata y evidencia que el supuesto cambio no es más que un maquillaje.

La sociedad venezolana observa horrorizada que la justicia, destruida y pervertida, sigue siendo una herramienta de represión y terrorismo de Estado. En paralelo, la encuesta de Meganálisis revela una opinión contundente: si las elecciones fueran hoy, María Corina Machado arrasaría con un 81,2%, mientras los representantes del régimen apenas alcanzan cifras testimoniales.

Lo que nadie quiere decir

Estamos frente a un Estado fallido, corroído por décadas de corrupción, violaciones sistemáticas a derechos humanos y el enriquecimiento obsceno de una minoría vinculada al poder. Esta gente, surgida del odio y la división, no puede seguir gobernando ni decidir el destino del país.

El futuro de Venezuela no pasa por convivir con torturadores ni con una dictadura maquillada. Los cómplices del pasado intentan aferrarse a puestos claves como el fiscal y el defensor del pueblo, obstaculizando cualquier avance real y buscando ganar tiempo para perpetuar la impunidad.

¿Qué viene ahora?

  • Una transición auténtica requerirá un gobierno democrático legítimo, elegido por la soberanía popular.
  • Instituciones independientes, con poderes equilibrados y justicia sin venganza.
  • Fin a la impunidad para los criminales y liberación inmediata de los presos políticos.
  • Reformas reales que atraigan inversiones y permitan la prosperidad.

La reconstrucción del país inicia cuando se eligen con mérito los responsables del Estado y no cuando las estructuras corruptas nombran a sus propios guardianes. La llamada transición actual es un espejismo que mantiene a Venezuela estancada y a su gente sufriendo.

¿Cuánto más tolerará el pueblo esta farsa? ¿Hasta cuándo permitiremos que la dictadura encubierta y sus cómplices sigan controlando el destino de una nación que merece justicia, seguridad y dignidad?

La verdad sale a la luz: sin libertad plena para los presos políticos, no hay cambio.

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